
La caverna, descubierta en 1978 por el grupo Polifemo y analizada después -hasta 1987-por un equipo liderado por el actual director de Patrimonio, Adolfo Rodríguez Asensio, abrió ayer al público por primera vez. A lo largo de toda la Semana Santa, turistas y curiosos ovetenses podrán visitar «uno de los mejores santuarios solares del mundo». Cada una de las tallas que decoran la pared está orientada hacia el astro rey. La última cincelada coincide con el rayo de luz más perezoso y, según Asensio, la fuerza y orientación de los mismos hace que la cueva adquiera hasta cinco aspectos diferentes a lo largo de un día.
Milagros Álvarez es una de las primeras visitantes. Profesora de asturiano en Luanco, teme que la apertura de la antigua caverna -que durante la guerra fue habitada por un hombre- signifique la llegada masiva de personas y la pérdida de belleza del entorno. Porque la Lluera se alza sobre el río Nalón, escondida entre verdes montañas de la localidad de San Juan de Priorio. Llegar a ella no resulta demasiado sencillo y ayer algunas personas lamentaron la deficiente señalización. El Principado ha instalado letreros, pero hasta alcanzarlos hay que encontrar el camino correcto.
El cauce del río vecino está presente en la estratografía de la pequeña gruta dibujada en forma de herradura. Es imposible saber cuántas veces los habitantes de la caverna, nómadas, tuvieron que abandonar su refugio por inundaciones o grandes crecidas. Sin la existencia de las actuales presas la historia se repetiría y las aguas enfangarían la guarida rocosa.
Restos de ocre
Asensio y su equipo encontraron restos de ocre en las paredes. Indica que las rayas cinceladas en los muros pudieron estar pintadas. Ahora, sin embargo, no queda ningún resto de color. Cuando el ojo de Milagros y el de los periodistas y demás visitantes se acostumbra a la interconexión de los trazos, ya está preparado para localizar las dos inmensas ciervas que pastan en el ala derecho de la cueva, así como los dos elefantes que parecen unirse en uno solo a través de una larga trompa.
La visita hay que realizarla con guía y para concretar horarios y cita hay que llamar por teléfono (695 68 63 74) entre las cuatro y las seis y media de la tarde. Las dimensiones de la gruta son escasas y, en su interior, no pueden congregarse un amplio número de personas.
La Lluera I tiene, a escasos cien metros, una compañera de cinceladas hechas con buriles, raspadores o fragmentos de roca. Es una minúscula gruta que servía de santuario y que goza de un importante contenido sexual. Un aro de triángulos rodea una cierva y Asensio compara su significado al del Camarín de las Vulvas de Tito Bustillo. Simboliza la preocupación por el mantenimiento de la especie, por la fertilidad.
Cuando el visitante observa los grabados siente el asalto de decenas de interrogantes. Desde el significado totémico de tanto animal al por qué en el uso de determinadas dimensiones o la vida desarrollada en torno a los grabados. El paseo no los desvela. Dice el director de Patrimonio que la historia no ha encontrado contestaciones a tales misterios.





