
-Algún político afirma que si aumentan los casos de maltrato es porque la Ley de Violencia de Género no está funcionando.
-Es desechable completamente decir que se incrementan los casos a consecuencia de la ley. Honestamente, creo que la subida estadístico puede hacernos plantear si la norma está siendo eficaz o no, pero desde luego no está resultando contraproducente.
-¿Usted cómo juzga a la ley?
-Las principales medidas son en el ámbito de la prevención, y eso es una tarea que va a llevar años. Pero la aplicación sí está demostrando que hay aspectos susceptibles de mejora.
-¿Por ejemplo?
-En la administración de la justicia hay cuestiones que, si se modificaran, lograrían un mejor funcionamiento de los juzgados. Son cuestiones técnicas, creo que la competencia de carácter civil se ha relevado exagerada, y se puede mejorar el ámbito competencial del juzgado de violencia de género.
-Dijo que el juicio por el asesinato de Isaura Pascual tenía varios elementos «típicos». En aquel caso había una orden de alejamiento, pero la propia víctima quedaba con quien fue su asesino. Lo mismo hacía la chica que fue atropellada en La Corredoria con su ex pareja.
-No quiero hablar de casos concretos, pero sí es un problema que se da con cierta frecuencia. Es necesario un ejercicio responsable de las víctimas a las que se conceden estas medidas de protección para que permitan que sean eficaces. Se ponen porque en su momento se juzga que hay un riesgo. Si luego la víctima entiende que la situación cambia, que ya no existe ese riesgo, debe avisarlo al juez que ordenó el alejamiento y a los policías que tienen que hacer cumplir esa medida. Es un problema, pero comprensible desde el punto de vista personal.
-Ustedes dictan el alejamiento y la propia víctima abre la puerta. ¿Es a veces la buena voluntad de la mujer un obstáculo a su protección?
-La víctima nunca es un obstáculo. El violento es el único responsable, siempre. Estos casos, además, no son generalizados. Evidentemente, ver que la víctima reanuda los contactos, sorprende, pero es el problema de la violencia doméstica. Entre agresor y víctima hay lazos, un pasado común, a veces hijos incluso, y ese entramado afectivo es muy difícil de romper con una mera denuncia.
-Uno de los detenidos esta semana estaba a punto de cumplir una pena de trabajos en beneficio de la comunidad. Se la impusieron hace más de año y medio.
-También en el maltrato hay retraso a la hora de aplicar esas penas. Hay más condenados que plazas para cumplir.
-El jueves vimos ingresar en prisión a un joven de 23 años. Antes había una cultura que sometía a la mujer, pero a esas edades no lo han vivido.
-Es complicado explicar los casos de jóvenes que maltratan. Son personas que no han incorporado valores fundamentales de respeto. Hay algo muy preocupante y es la imagen de la mujer en la sociedad. Nos bombardean todos los días con una imagen de ella como objeto, como reclamo sexual, publicitario. Así se la cosifica como objeto. Es una imagen sexista, unos mensajes que facilitan que los jóvenes pierdan el respeto o no se lo tengan.
-Hay mujeres, inmigrantes en situación ilegal, que no denuncian los golpes por miedo a que las expulsen...
-Pues la protección jurídica está garantizada. No se las expulsa, se les da un permiso temporal por razones humanitarias. CUMPLIMIENTO DE PENAS
PROBLEMA AFECTIVO





