
Con un guión bien aprendido, como si se tratase de una función de teatro a plena luz del día -y nunca mejor dicho, con el sol radiante en las inmediaciones del Muelle- los soldados del Regimiento Provincial comenzaron su desfile para aproximarse a la plaza del Marqués. Hace 200 años no sucedió y fueron los cronistas los que narraron los hechos que llegarían hasta nuestros días, pero ayer las cámaras fotográfica y de vídeo inmortalizaron el momento. «¿Mira papá, ahí vienen los soldados!», se oyó decir a una niña subida a hombros de su padre.
Es entonces cuando arranca al escena: «De repente, aparece una persona en el balcón del Consulado y lanza a la calle unos panfletos ofensivos hacia nuestra monarquía reinante y proclives a un cambio dinástico en España a favor de la familia Bonaparte». Es una narradora, micrófono en mano, la que cuenta lo sucedido. En el texto, escrito para la ocasión por Txema Ordóñez, miembro de ARHCA, se describe cada detalle de la recreación.
Un poco más arriba, en la cuesta de la calle Óscar Olavarría, y con la Casa de los Paquet como sede del Consulado, el pueblo llano, 'resucitado' gracias a la Asociación Coros y Danzas de Jovellanos y la Banda de Gaitas Villa de Gijón, empieza a soliviantarse, lanzando piedras (cuya función desempeñaron bolas de calcetines) hacia el vicecónsul Miguel Lagonier: ¿«Canalla, traidor, franchute!, grita el pueblo gijonés.
Uno de los oficiales, ante el cariz de la situación, llama a la guardia. Entonces, un grupo de soldados parte desde el palacio de Revillagigedo hacia la casa de los Paquet para calmar los ánimos.
Finalmente, el juez se dirige al pueblo y logra apaciguar la tensión. Es entonces cuando la narradora anuncia el fin del primer acto. Sin embargo, nadie se mueve de la zona delimitada por las vallas. Tras una pausa, empieza la segunda parte de la representación unos metros más abajo. Es en ese momento cuando el público ve de cerca a los actores y actrices que toman parte en un motín revivido mediante un presente que aparenta 200 años menos.
«¿Fuego, fuego, fuego!», repite una niña tras escuchar una y otra vez los disparos, que simula los ejecutados hace dos siglos. Después y en torno al acuartelamiento de los militares -ayer, el Palacio de Revillagigedo- el pueblo vuelve a sublevarse, recogiéndose imágenes impactantes, como la que representa un aldeano que se abre la camisa y se arrodilla ante los soldados. Al final, se sucederían los aplausos, símbolo de agradecimiento y también de homenaje, del Gijón actual al de aquellos años. 25 figurantes y 50 personas con trajes regionales y militares, uniformes de parada y de fatiga, obraron el milagro de rescatar del olvido un día esencial en la historia de Gijón.
Fue una recreación novelada para «profundizar en los sucesos y en la mentalidad de las personas participantes». Aquel primer motín sucedió en la calle Corrida, aunque por motivos de seguridad se desplazó a las inmediaciones del Revillagigedo. Allí, los actores se metieron al público en el bolsillo y, aunque sólo fueran por unos momentos, les hicieron pensar en su pasado, el que aún sigue vivo para muchos. TEXTO: JORGE RODRÍGUEZ / FOTOS: ALEX PIÑA / GIJÓN





