La afición estuvo entregada durante todo el encuentro a sus jugadores y terminó saltando al campo al término del duelo para animar a los futbolistas, especialmente al capitán Cervero, que acabó el partido abatido y con lágrimas en los ojos.
Tifos, pancartas y petos poblaron las gradas, mientras los seguidores daban un ejemplo de comportamiento, sin ningún tipo de crítica ni al consejo ni a la plantilla, aunque, con el segundo gol visitante, el estadio se fue vaciando, quedando sólo los más fieles.
El Caravaca durmió en León y se trasladó antes del encuentro a Oviedo, donde fueron recibidos con algún lanzamiento de objetos. Al término del duelo, varias decenas de aficionados azules esperaron a la plantilla oviedista, a la que mostraron su apoyo. Se produjo también algún pequeño incidente entre los propios seguidores, pero sin mayor relevancia.





