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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Gijón

TRAS 2 AÑOS EN LA CÁRCEL POR UN DELITO QUE NO COMETIÓ
«La justicia también debe reconocer

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Jorge Ortiz, ayer. / JOSÉ SIMAL
«Estos dos años en la cárcel han sido muy duros y he llegado a hundirme; el cariño y el apoyo de la familia es lo que me ha hecho salir a flote». Jorge Ortiz Sánchez, de 37 años, pisó ayer por primera vez la calle después de que en 2006 ingresase en Villabona condenado a siete años por dos robos con violencia que tanto él como las víctimas aseguran que no cometió.
Ayer, la Audiencia Provincial de Asturias le notificó la suspensión cautelar de la condena a la espera de que su abogado, Guillermo Calvo, tramite el indulto, el último conducto para la libertad después de agotar prácticamente todas las vías judiciales.
El caso del «presumible error judicial» que denuncia la familia saltó a las páginas de EL COMERCIO el pasado mes de abril. Apenas tres horas después de su puesta en libertad, el condenado contó su historia en primera persona. «Estar entre rejas cuando sabes que eres inocente es lo más duro que le puede pasar a una persona»,dice. La libertad, aunque condicionada, le ha traído esperanza. «Lucharé hasta el final para que demuestre que yo no soy el autor de los hechos; agradezco el indulto, pero eso es para hacer un favor a los culpables y yo soy inocente, lo mantendré aunque la justicia me siga dando reveses».
El juez Lino Mayo lo condenó por atracar a punta de navaja a dos dependientas en 2005. Las propias víctimas exculparon al imputado, asegurando que no había sido él quien las había robado. Sin embargo, el magistrado siguió adelante con su condena y tanto la Audiencia Provincial como el Tribunal Supremo rechazaron revisar la sentencia. «No me han dejado defenderme en ningún momento», asegura.
Una de las mujeres atracadas reconoció en una primera rueda de reconocimiento a Jorge Ortiz Sánchez como el autor de los hechos. Una semana después, se desdijo de sus palabras y acusó a otro joven que había sido detenido por robar en 24 establecimientos de La Arena.
Sin embargo, esa prueba nunca llegó a adjuntarse al procedimiento judicial y durante la vista oral del hombre que ahora solicita el indulto la dependienta fue denunciada por falso testimonio. «Es todo una película porque en la rueda de reconocimiento yo aparecí esposado y el resto el hombres que estaban pintando el juzgado y fueron a la rueda con el mono puesto; ahí fue cuando empecé a notar que algo raro pasaba», asegura Jorge Ortiz.
Tras ser detenido, pasó cuatro meses en prisión preventiva a la espera de que se celebrase el juicio. «Pensaba que en ese momento se iba a resolver todo, pero lo que pasó fue que se enredó todo más. Denunciaron a la víctima porque no habían añadido su segunda declaración al sumario; fue lo más duro que me ha pasado en la vida», explica.
No pide explicaciones. Ni siquiera siente rencor. «Todo el mundo puede cometer un error, pero luego hay que saber dar marcha atrás; la justicia también debe reconocer que se equivoca porque pueden acabar con la vida de una persona», considera Jorge Ortiz Sánchez.
Imprevisto
El día de ayer fue de intensas emociones constantes para el condenado. A las doce de la mañana telefoneó a su hermana, Montse, para comunicarle que le habían concedido su primer permiso penitenciario para el 9 de julio. Sin embargo, fue él quien se llevó la «mayor sorpresa de la vida». «No me lo creía cuando me dijeron que el juez me había suspendido la condena; no sabía qué hacer, si llorar, si reír...», comenta. Hizo el petate, se sentó a la mesa por última vez para comer con sus compañeros y se despidió «de las grandes amistades» que ha hecho durante todo este tiempo. A las seis de la tarde, su hermana y su madre lo esperaron a las puertas de Villabona. «Estoy en una nube, aún no me creo que no tenga que volver por ahora», repetía constantemente.
Jorge Ortiz Sánchez pasó la mayor parte de los últimos dos años en el Módulo Terapéutico de la prisión. «Al principio la pasé tan mal que empecé a tomar antidepresivos y pastillas para poder sobrellevar la situación; ahora, estoy totalmente agradecido a los tutores que he tenido y a los compañeros que he dejado allí», dice.
Las primeras horas en libertad fueron para conocer su nuevo hogar -«mi madre se mudó de casa cuando yo estaba en la cárcel», explica- y para ver «a una gran amiga que acaba de dar a luz». No se olvidó tampoco de ver el partido de fútbol de la selección española. «Cuando me levanté por la mañana en Villabona no me podía imaginar que lo iba a ver en la calle», afirma.
Sus planes de futuro pasan por «estar con la familia, buscarme un trabajo y sacarme el carné de conducir, que había comenzado a prepararlo en la cárcel». Su madre y su hermana lo miran fijamente mientras disfrutan de su nueva situación. «Todo este tiempo ha sido durísimo, no hemos faltado ni un sólo sábado a las visitas, pero poco a poco íbamos perdiendo la esperanza al ver que todas las puertas se iban cerrando», señala la hermana.
La familia se muestra «totalmente agradecida» a su abogado, Guillermo Calvo, «porque se ha involucrado muchísimo en el caso tanto personal como profesionalmente».
Mientras Jorge disfruta de sus primeras horas en libertad, la maquinaria legal continúa su cauce. El Ministerio de Justicia deberá decidir si le concede el indulto y el Tribunal Constitucional revisará el caso a petición del Ministerio Fiscal. «Seguiremos hasta el final para que se demuestre que yo soy inocente, no me vale sólo con el indulto, porque eso sería tapar un error judicial enorme; lo que pretendo es que se conozca la verdad», critica.
El hombre contaba con antecedentes policiales por delitos menores. Por ese motivo, el Cuerpo Nacional de Policía tenía su fotografía en el archivo de detenidos. «Si hubiese sido yo, a estas alturas lo diría, pero soy inocente, lo repetiré hasta el fin de mis días porque no creo que pueda superar nunca esto que me ha pasado y con tantísimas pruebas a mi favor», sentencia.

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