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Sociedad

MATÍAS RODRÍGUEZ INCIARTE PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN PRÍNCIPE DE ASTURIAS

El banquero se estrena como presidente en la ceremonia del Campoamor «consciente del legado que recojo»
22.10.08 -

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«No debemos compararnos con los Nobel, somos diferentes»
Matías Rodríguez Inciarte. / MARIO ROJAS
Es un veterano y a la par un recién llegado. Matías Rodríguez Inciarte afronta sus primeros premios como presidente de la Fundación Príncipe y lo hace con los recuerdos aún frescos de un joven Príncipe pronunciando sus primeras palabras o el silencio infinito en honor a las víctimas del Holocausto. Ha frecuentado la ceremonia del Campoamor y sabe que todas son diferentes. La del próximo viernes lo será aún más para este economista de 45 años que con sólo 33 llegó a ministro y que hoy es vicepresidente del Banco de Santander.
-¿Qué significa en su larga trayectoria la Presidencia de la Fundación?
-Un gran honor, y una gran responsabilidad. Presidir una institución con tanto prestigio es un enorme reto que asumo con mucho agrado.
-¿Cómo afronta el cargo y, sobre todo, sus primeros premios?
-Con ilusión y con muchas ganas de trabajar, consciente del legado que recojo y de lo que significa esta Fundación para la Corona, para Asturias y para España.
-Ha anunciado ya una línea continuista, pero ¿tiene algún nuevo proyecto en mente?
-Por muy bien que estén las cosas, siempre se puede trabajar por mejorarlas. Las prioridades de actuación deben seguir centradas en los premios y en el reforzamiento de su prestigio internacional. La Fundación debe, por otro lado, incrementar sus recursos, no para aumentar los gastos ya que la austeridad es norma de actuación, sino para garantizar plenamente su futuro.
-Su antecesor en el cargo, José Ramón Álvarez Rendueles, ¿le ha dado algún consejo?
-José Ramón sabe que, para mí, el mejor consejo ha sido el ejemplo de su brillante labor.
-Su cargo de vicepresidente del décimo banco del mundo, ¿influirá de alguna manera en el devenir de la Fundación?
-Ya expliqué el día que fui elegido que sería extremadamente escrupuloso al separar mis responsabilidades en la empresa privada de las que asumo como presidente de la Fundación. Así lo hicieron mis predecesores y yo seguiré su ejemplo.
-Resulta imposible no preguntarle por la situación actual de crisis.
-No me gusta mezclar aspectos relativos a la Fundación con los que desarrollo en el banco. De todos modos, le diré que los gobiernos europeos y, en concreto, el de España, han actuado, de forma rápida y correcta, para atajar la crisis y que me parece muy positivo que se esté actuando también de forma concertada con los EE UU.
-Tiene experiencia en Latinoamérica, ¿cree que eso servirá para potenciar aún más los vínculos de la Fundación con los países de habla hispana o por el contrario pretende abrirse más al mundo en general?
-La internacionalización de los premios ha sido un gran acierto y ha supuesto un importante impulso para el prestigio del que gozan actualmente. En su momento, cuando se apostó por franquear la barrera de la comunidad iberoamericana de naciones, hubo quién mostró sus reticencias, pero creo que ha quedado de sobra demostrado que ha sido un acierto no fijar límites geográficos a los objetivos de premiar la excelencia humana en cualquiera de sus expresiones.
-¿Los premios pueden llegar a tener el reconocimiento de los Nobel?
-Nuestros objetivos y nuestra naturaleza difieren de los de los Nobel, no debemos compararnos con ellos. Son galardones diferentes, con una historia y unas características que tienen poco que ver con las nuestras. No obstante, hay que tener en cuenta que la Fundación Nobel tiene una historia centenaria y que nosotros acabamos de celebrar el primer cuarto de siglo. Así que nos sentimos orgullosos de las coincidencias que se producen en la concesión de galardones.
-En algunos círculos se habla de la necesidad de renovar los jurados con la inclusión de personas más jóvenes, ¿comparte esa idea?
-Los cambios que haya que hacer se harán con diligencia pero sin prisas. La renovación de los jurados es un hecho que se afronta, con naturalidad y gradualmente, cada año.
-¿Cuál es su relación con los Príncipes de Asturias?
-Siento una gran admiración y lealtad hacia ellos, y desde que he accedido a la Presidencia de la Fundación estos sentimientos se han reafirmado e incrementado, pues me corresponde informarles puntualmente de la marcha de la Fundación, con cuya labor están ambos fuertemente comprometidos.
Protagonismo
-¿Cree que ha llegado el momento de conceder a la Princesa de Asturias más protagonismo en los Premios?
-No creo que sea la Fundación la que debe conceder más o menos protagonismo a la Princesa. No cabe duda, sin embargo, de que el origen asturiano de doña Letizia convierte su presencia en Oviedo en algo muy especial, además de que la Princesa conoce los premios en profundidad y se siente muy comprometida con la tarea de la Fundación. Su apoyo es muy importante.
-La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, llegó a criticar la escasez de mujeres tanto entre los jurados y entre los patronos. ¿Habrá cambios en esa línea?
-Es lógico que los cambios que se producen en la sociedad tengan un reflejo en todos lo ámbitos que la componen y la Fundación no es ajena a ellos. Me parece indispensable que la mujer desempeñe, como así está sucediendo, puestos de mayor responsabilidad y eso se está reflejando en la composición de los jurados. Respecto al Patronato, naturalmente tendrá muy en cuenta estos criterios.
-Otra crítica habitual es la centralización de los jurados y los actos vinculados a los Premios en Oviedo.
-De momento, la Fundación ha ido diversificando sus actividades por distintas localidades asturianas, no sólo a través de los actos que protagonizan los premiados durante la semana de la entrega, sino también a través de exposiciones, conferencias y ciclos de actividades a lo largo de todo el año y con las actuaciones de los Coros de la Fundación.
-¿Qué papel jugará el centro Cultural Niemeyer en los Premios?
-El Niemeyer será el que tenga que definir sus contenidos y su agenda. En cuanto a una posible vinculación, nuestro Patronato escuchará cualquier propuesta que nos hagan llegar y decidirá sobre ella.
-Capítulo importante es el de la financiación de la entidad, ¿es necesario aglutinar más apoyos para conseguir más fondos?
-Uno de los principales objetivos en materia financiera de la Fundación siempre ha sido el poder sustentar sus actividades con las rentas de su patrimonio para garantizar y preservar la independencia con la que ha desarrollado y desarrolla su labor. Hasta que esto sea posible, seguiremos esforzándonos al máximo para conseguirlo.
-¿Llegará a arreglarse el asunto de su sede social y que cuente de una vez con un edificio emblemático?
-Parece sensato pensar que una institución de las características de la Fundación debiera tener una sede de referencia, acorde con su relevancia social. Pero también es cierto que los recursos de la Fundación son limitados y no podría hacer frente económicamente a un reto como ese. Al no depender de nosotros, agradecemos los distintos ofrecimientos que, en distintas ocasiones, se nos ha hecho desde diferentes instituciones, pero siempre tendremos que tener muy en cuenta los intereses de la Fundación, y que cualquier decisión que se adopte cuenta con un muy amplio consenso.
-Asiste a la ceremonia desde sus inicios, ¿qué recuerdos conserva ?
-Cada ceremonia es distinta, tiene sus matices, sus momentos emotivos. Sin duda, del primer año todos recordamos a un jovencísimo Príncipe de Asturias que pronunciaba sus primeras palabras en público. Un acto que también tuvo un marcado carácter de reafirmación en los valores democráticos, pues no hay que olvidar que estaba muy reciente el 23-F y el discurso del poeta José Hierro. También guardo con emoción en mi memoria las palabras de agradecimiento que, a través del sintetizador de voz, pronunció Stephen Hawking en 1989 o el apretón de manos que se dieron Isaac Rabin y Yaser Arafat. Entre los momentos más recientes, podría citar las emocionadas palabras del Príncipe hacia su esposa durante su primera ceremonia como Princesa, o el intenso minuto de silencio con el que el pasado año se recordó a las victimas del Holocausto.

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