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Asturias

Asturias

Un 11,5% de los niños asturianos es asmático; sin embargo, son muchos aún los mitos y falsas creencias que rodean a esta enfermedad, que en España sigue siendo el principal problema de salud infantil
31.01.09 -

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Como si fuera su peluche preferido, Andrea no se despega de su inhalador. Lo lleva a todas partes. Al 'cole', a la casa de una amiga, a un 'cumple', a la playa... De eso se encarga a diario su madre, Leonor Montamarta, que, a fuerza de práctica y de algún que otro susto, se ha convertido en una verdadera catedrática del asma.
Con apenas seis años, la pequeña Andrea sabe que «si toso mucho y el pecho me suena un poco, tengo que respirar por la 'trompeta'. Tres veces seguidas, mientras cuento hasta diez», explica con gran naturalidad. La 'trompeta' de Andrea es en realidad un inhalador, el broncodilatador que utilizan los enfermos asmáticos para restituir la función pulmonar cuando los bronquios se inflaman y se estrechan, y sobrevienen las dificultades para respirar.
El asma es, hoy por hoy, el principal problema de salud infantil. En Asturias lo padece el 11,5% de la población pediátrica y el 15,3% de los adolescentes. Así lo refiere el último estudio realizado en el Principado entre 27.511 niños. Sin embargo, pese a su alta prevalencia (afecta a uno de cada 9 menores asturianos), la enfermedad asmática sigue rodeada de mitos y falsas creencias. Y eso, pese a que Hipócrates ya hablaba de ella.
Un síndrome
«El problema es que muchos médicos, por no asustar, no siempre hablamos claro. Son muchos los padres que confunden alergia y asma, o los que creen que es consecuencia de un catarro mal curado». Pero nada más erróneo, precisa la pediatra Begoña Domínguez Aurrecoechea, miembro del Grupo de Trabajo sobre Asma Infantil en Asturias y autora del libro '¡Huy, igual tienes asma como yo!', publicación editada por la Consejería de Salud del Principado y en la que un duendecillo llamado 'Vayaquetós' explica a los más pequeños qué es eso de tener dificultades para respirar, que se irrite la garganta o que, de repente, la fatiga les impida correr, saltar o jugar.
Pero más que de asma, Begoña Domínguez prefiere hablar de «síndrome asmático». ¿Por qué? Pues porque «cada paciente muestra un proceso diferente. Hay niños que sólo tienen una crisis o ninguna al año, y otros tres o cuatro». Si bien es cierto que el asma suele guardar una íntima relación con la alergia, no son la misma cosa. «Se puede tener rinitis o conjuntivitis y no ser asmático», sentencia esta pediatra experta en el tratamiento de la enfermedad.
En lo que todos coinciden es que es una patología inflamatoria crónica que afecta a los bronquios. Por una serie de desencadenantes (ácaros presentes en el polvo, virus, humo de tabaco, pelos de perros o gatos), los bronquios de algunas personas reaccionan como si se asustaran y empiezan a contraerse para impedir que esos organismos, a los que considera enemigos, pasen. Al encogerse, el hueco por donde pasa el aire se estrecha y con ello llega la sensación de ahogo. «Es como si te apretaran el pecho con un cinturón», detalla de forma didáctica el diminuto 'Vayaquetós'.
Varias crisis
Andrea ya pasó por ello «varias veces», comenta su madre, Leonor Montamarta. Antes de que los médicos le diagnosticaran asma, una neumonía llevó a la pequeña al hospital. Su situación se complicó y acabó en el quirófano. De aquélla «tenía apenas dos años y medio». Desde entonces, Andrea engrosa el listado de asmáticos en el Principado. En este tiempo, no sólo ha aprendido «a soplar y respirar por la 'trompeta'», también a toser. «Bebo agua para que no me duela la garganta», comenta, «incluso cuando estoy en clase».
Otra creencia popular es que el asma, trastorno para el que todavía no hay cura (sólo tratamiento para controlar los síntomas), suele marcharse al llegar la adolescencia. «Falso», responde Begoña Domínguez. «Pueden desaparecer las causas que desencadenan la enfermedad, por ejemplo, las infecciones respiratorias, pero el asma de base sigue estando presente aunque no se haga visible».
Y, ¿se puede llevar una vida normal? «Absolutamente». Ahora la que contesta es Leonor, mientras su hija asiente con la cabeza. «Lo único que ha tenido que dejar Andrea a un lado son algunos de sus peluches. Por lo demás, es una niña completamente normal».

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