¿Es posible la paz entre Palestina e Israel? Un grupo de personas de ambos pueblos creen que sí. Son los miembros del Círculo de las Familias Israelíes y Palestinas por la Reconciliación, la Tolerancia y la Paz. Abogan por hacer un camino de reconciliación juntos, dejando atrás los rencores y venganzas, a pesar del dolor que muchos de ellos llevan a cuestas. Son personas que han preferido aparcar el odio para trabajar por la convivencia. Un sueño que, lejos de utopías, creen posible. Ellos son los protagonistas del documental 'Punto de Encuentro' que ayer fue presentado en Gijón a los alumnos de varios centros educativos de la ciudad.
Robi Damelin es una madre judía que perdió a su hijo en 2002. Un francotirador palestino asesinó a un grupo de soldados israelíes entre los que estaba David. Un joven al que le tocó defender un asentamiento israelí en los territorios ocupados, a cuya existencia se oponía políticamente. El documental describe cómo esta madre se enfrenta con la persona que mató a su hijo. «Es como verse las caras con el diablo», afirma. No obstante, aboga por el perdón. «De lo contrario -asegura- no sería coherente con los principios que defiendo». Esta mujer escribió una carta a la madre del palestino que mató a su hijo. Considera que ese es el camino del perdón. El trayecto que lleva a la reconciliación de los pueblos.
Así lo aseguró ayer en Gijón, donde pidió a los asturianos que se pongan en el lugar de los hombres y mujeres que día a día sufren las consecuencias del conflicto arabe-israelí. No faltaron las críticas precisamente a la actuación que ha tenido Israel con el uso indiscriminado de la fuerza ante Palestina y miles de civiles. «El peor enemigo que tienen los palestinos es el miedo a Israel», aseguró esta judía sefardí que reconoce la legitimidad de criticar lo que hace su país, aunque afirma que no es legítimo «odiar a los judíos».
Educar a la ciudadanía
En la mesa de debate se sentó también Mazen Faraj, portavoz palestino en la organización de la que ambos forman parte. A su juicio, la actuación que llevan a cabo pretende ser un punto de partida para «educar» a los ciudadanos de ambos estados. «Muchos estudiantes no saben nada unos de otros», señala Faraj, que perdió a su padre a manos del ejército israelí y, actualmente, vive en un campo de refugiados en Belén. La responsabilidad de Israel en el actual conflicto no es motivo suficiente para aplicar la política del ojo por ojo. «Nadie puede levantarse y pensar que los siete millones de israelíes han desaparecido, como tampoco lo han hecho los tres millones y medio de palestinos que viven en la diáspora», indica en la misma línea con el discurso de Damelin que, por su parte, advierte de que «no se puede erradicar una nación por completo», tal y como está pretendiendo hacer su país con Palestina.
Visión sesgada
La clave para encontrar respuestas, destacan, es hacer un análisis de la situación y no buscar la solución en la venganza. Ambos comparten la teoría de que el resto del mundo tiene una visión sesgada del conflicto. «Es muy fácil pronunciarse a miles de kilómetros de distancia», sostienen. No obstante, esto no debe entenderse como un reproche. Abogan, por el contrario, por la necesidad de que los ciudadanos de todo el mundo salgan a la calle, pero no contra nadie, sino a favor de la paz.
Creen que alcanzar ese objetivo es posible. «Es como si una madre tuviera que dividir una tarta de chocolate entre dos hijos. Si uno quiere la base y otro la nata, por qué la tarta no puede cortarse de forma transversal», se pregunta la mujer judía. Piensa que el origen del problema es que todos creen tener razón. La única vía política capaz de resolver el actual escenario, insiste, es el coraje. Su esperanza es que haya una persona o varias capaces de liderar el cambio desde el pacifismo.
Esta idea es la misma que ha llevado a otro palestino, Ali Abu wwad, a combatir contra quienes propugnan el odio hacia el «otro» en ambos pueblos. Su hermano fue asesinado hace ya casi nueve años. Él, como muchos de los miembros del Círculo de Familias Israelíes y Palestinas, asegura que nunca perdonará al soldado que mató a su hermano, pero cree firmemente que no tiene que amar a los israelíes para lograr la paz con ellos.