«El experimento reproductor está ya a las puertas del éxito». Así de claro se manifestaba ayer el cuidador de Furaco, Paca y Tola, Roberto García. No es de extrañar, ya que las últimas montas producidas entre la jornada de ayer y el domingo podrían ser suficientes para que Tola quedase preñada.
Por el momento, tanto Furaco como Tola parecen estar siguiendo las pautas normales de apareamiento de los osos. El primer coito se produjo el pasado 3 de mayo. A este siguieron otros dos, uno ese mismo día y otro a la jornada siguiente. Según los expertos, se entiende que estas montas son preparatorias para estimular la ovulación en la hembra, que no estará preparada para la monta de fecundación hasta una semana más tarde.
Dicho y hecho, el pasado domingo, los dos osos volvieron a copular, y lo repitieron ayer al mediodía. Es justo en ese momento cuando Furaco debería haber inseminado a Tola, de ahí la esperanza de que se haya cumplido el experimento. Pero no está todo hecho, ni tampoco el contacto entre ambos animales tiene por qué terminarse ahora. Lo explicaba Roberto García, «los osos pueden empalmar un celo con otro, con lo que podrían estar juntos durante estos dos meses».
Como la ciencia nunca es exacta, y en el caso de los osos, aún menos, también puede pasar todo lo contrario, es decir, que una vez que se termine este primer celo, Tola rehuya del macho y los dos vuelvan a su estado inicial.
Es más, éso es lo que esperan tanto los veterinarios involucrados en este proyecto como la propia Fundación Oso de Asturias. Aquí es donde Paca entraría en escena, ya que lo que parece improbable es que ambas osas compartan celo y oso a la vez. De hecho, Paca lo está demostrando con creces, «sigue marcando una distancia de seguridad con el macho, a pesar de que éste lo ha intentado en más de una ocasión».
Intento con la hermana
Uno de los motivos de que haya tantas esperanzas de que finalmente Furaco se aparee con ambas osas es el tiempo, que parece que este año juega a favor de la Fundación. «El año pasado los juntamos el 22 de mayo. En esta ocasión hemos empezado mucho más pronto, lo que da cuenta de la importancia de aprovechar todo el celo por que nunca sabes cuándo les va a llegar», apuntaba su cuidador.
Otra historia muy distinta será conocer si finalmente las osas se han quedado en estado o no. Si hay fecundación, el óvulo quedará latente y no se prenderá en la matriz de las osas hasta noviembre, que es cuando los plantígrados entran en hibernación.
Ahí comenzaría la verdadera gestación, que dura unos dos meses. Así que no se sabrá si las hembras han quedado preñadas hasta que salgan de la osera, ya con los oseznos, en primavera.
Asimismo, es impensable predecir su estado por los procedimientos habituales, ante el riesgo de dañar a la cría. «Tendríamos usar anestésicos para poderle hacer una ecografía, pero no podemos arriesgarnos. Queremos que el proceso sea natural desde el principio hasta el final». Tampoco se puede hacer una prueba de la orina, ya que no habría diferencia hormonal en la orina de una hembra preñada con respecto a la de una que no lo está, debido, precisamente, a que el óvulo está latente en el momento previo a la hibernación.
Por otro lado, es en este último aspecto donde los machos se desentienden completamente de su pareja. «Ellos tan sólo tienen la función de inseminarlas. No están con ellas hibernando, ni se preocupan por su descendencia». De este modo, es probable que Furaco, en el caso de tener descendencia, no reconozca ni a sus crías y haya que mantenerlo aparte.