Su primera carrera debió de ser un 'show'. Subió a un cliente en la calle Independencia y al llegar a su destino, en Valentín Masip, le preguntó que quién le había dado el permiso de taxista. Casi 30 años después, Marino Esteban Álvarez domina el callejero, en su turno hace unos 20 servicios al día y preside la Asociación de Empresarios de Autotaxi del Principado.
-Envió a la prensa un par de comunicados para desmentir las críticas de la oposición sobre los atascos con las obras del 'plan Zapatero'. ¿De verdad que no los hubo?
-En Oviedo, como en todas las grandes ciudades, sí hay un poco de tráfico a ciertas horas, un poco más por las obras, pero no es un caos. Está bien que hagan oposición, pero que sea seria y sensata.
-En el caso de Ciudad Naranco, también hay muchas quejas por los continuos choques y, de hecho, la Policía Local ha hecho varias reordenaciones. ¿Tampoco ve que haya un problema?
-Los accidentes en gran medida son culpa de quien los comete, si estamos pendientes de las señales no pasa nada. No hay que crear alarmismo. Ciudad Naranco está hoy mucho mejor.
-No le falta nada entonces... Algunos apuntan a la necesidad de desdoblar el paso de Nicolás Soria.
-El que genera más retención es el de Prados de la Fuente. En Nicolás Soria no hay nada en comparación con lo que había hace doce años.
-Como taxista conocerá bien los puntos negros de la ciudad.
-Por la mañana, Coronel Teijeiro y la Plaza de Castilla son los más conflictivos. También está Muñoz Degraín.
-¿Se le ocurre alguna solución?
-Todo es cosa de dinero, aunque es complicado. Donde vería más fácil la solución sería en González Besada con Muñoz Degraín. Se podría poner ésta en una dirección y Pedro Masaveu en otra.
-Con 30 años de carrera a sus espaldas le habrá pasado de todo.
-Sí, incluso en el tema económico, con la crisis en los noventa.
-Ahora hay otro bache y en algunas ciudades, como Elche, los taxistas se quejan de que el negocio ha bajado un 30%. ¿Qué ha pasado aquí?
-Bajó el trabajo sobre un 20%; quizá un poco menos que en Gijón y Avilés, que son más industriales.
-Los autónomos se quejan de que con la crisis les dan menos créditos. En su caso los necesitan para cambiar el coche, pero más complicado será comprar una licencia. Se habló hace tiempo que unos 30 y 40 millones de las antiguas pesetas. ¿Es descabellado?
-No lo sé, la verdad es que no puedo opinar sobre las cantidades que se transfieren. Pero bueno, es un trabajo de muchos años y nuestra pequeña jubilación no es suficiente para vivir después con dignidad. Este dinero ayuda a vivir después.
-Con lo que aumenta la población, ¿no deberían de aumentar las licencias?
-Es incompatible la crisis con la ampliación. Además, sin ánimo de molestar, cuando te casas y compras un piso coger un taxi es algo privativo, y es esta gente la que más aumenta. Quien más coge un servicio son personas de mediana edad para adelante.
-Con algún suceso reciente en grandes ciudades, se ve que el oficio tiene peligro. ¿Hay inseguridad en la ciudad?
-Peligro lo tenemos todos, desde un policía a un ciudadano que va por la calle y resbala, pero Oviedo no es una ciudad peligrosa. La Policía Local y la Nacional vienen en cuanto llamamos. También está el GPS, que sabe en cada momento dónde está cada coche. Además, los taxistas tenemos un sexto sentido.
-¿Y en qué se basan?
-A veces la pinta no dice tanto, un día subió a mi coche un chico con una maleta de piel y me engañó. Sí, se nota que el que va a robar está nervioso porque sabe que no está bien hecho.
-Antes hablaba de la Policía Local. Acaba de cambiar la jefatura, ¿ha notado el relevo?
-Agustín de Luis es un caballero y también lo era José Manuel López; con ambos tengo buena relación. Es cierto que De Luis tuvo esos problemas, pero salió absuelto, y ahora está haciendo un gran trabajo. Voy a pedirle algo, como pintura para una señal, y al día siguiente lo hace. Es un hombre que está en el despacho a las 7 de la mañana y a pie de obra. En el trato es excelente; la imagen de él no es la misma que en persona.
-Si quiero ir a cenar a Colloto me lleva un vehículo de Oviedo, pero al volver, tengo que llamar a uno de Siero y sale más caro. ¿Cómo se soluciona esto?
-Tiene mala solución, el reglamento es de 1979. Hasta ahora no había problemas con los de Llanera y Siero, nos movíamos con más libertad, pero hubo un señor que denunció y la Guardia Civil interviene. Por tanto, lo que no queremos es correr riesgos. Y hay otro problema. Según un informe de la Policía Local tenemos unos 100 taxis que trabajan de forma ilegal en Oviedo.
-¿Piratas?
-Sí, habitualmente son los del aeropuerto, aunque también alguno de Gijón o Avilés. En momentos de crisis como ahora mismo hacen mucho daño. Tenemos las matrículas y los nombres y están denunciados. El Principado sanciona a un taxi que viene, por ejemplo, de Langreo y la multa es de 1.001 euros, pero en el caso de un pirata sin licencia, es una falta y hay que ir al Juzgado. Aquí falta legislación.