El Comercio

«Soy totalmente vocacional y si no pinto cada día siento que me oxido»

Carlos Cobián posa junto a una de sus obras.
Carlos Cobián posa junto a una de sus obras. / E. C.
  • Carlos Cobián

  • pintor | «Con mi pintura quiero transmitir emociones, momentos y sensaciones, siempre dentro del estilo realista que caracteriza mi obra»

Carlos Cobián nació en Madrid, pero al día siguiente ya estaba en Pravia. Creció en esa Asturias, fuente inagotable de inspiración para el pintor, en la que con tan solo 7 años ya lanzó sus primeros trazos. Ahora suma 62 años, pero sigue teniendo a sus musas en el Principado: son esas playas de Gijón que hasta el 21 de marzo expone en la Sala Murillo.

¿Qué obras ha seleccionado para la exposición de la Sala Murillo?

Una colección de cuadros que resumen mis últimos dos años y sobre todo están basados en niños jugando en la playa, la mayoría playas de Gijón. Es una ciudad que me inspira. En el paseo de la playa puedes encontrar de todo: enamorados, gente de paso, niños, en los días de lluvia gente con paraguas...

Siempre el agua, siempre en su obra...

Me gusta jugar con el concepto de los reflejos tanto en lo urbano como en las playas. El agua me persigue, me inspira, aunque en las últimas obras también he jugado con el movimiento de los niños jugando. He querido extraer momentos que entre sí forman una composición.

Su obra tiene muchos rasgos románticos.

Tiene niños que siempre es algo especial, es algo que le llega mucho a la gente. Los ves en los cuadros y todas las personas piensan en la maternidad. Todos pensamos que pueden ser nuestros hijos.

Parecen también cuadros que reflejan otra época.

Es curioso porque me lo dice mucha gente, pero son totalmente actuales. Los sombreros se pueden encontrar en cualquier cadena comercial y las camisetas con rayas blancas y azules están por todas partes, nunca dejan de estar de moda. Tal vez la plaza y la luz den un toque de romanticismo que parecen los años 30, pero es actual, es más bien parte de mi estética. Me encanta la luz asturiana, siempre con esa bruma y ese resol. Es gracioso porque tengo amigos que me señalan a gente por la calle y me dicen que van vestidos como en mis cuadros.

¿Esa luz de Asturias es muy diferente a la que ve en Madrid?

Muchísimo. A veces hacen la comparación y dicen que Carlos Cobián es el Sorolla del norte. La luz es diferente. Creo que no sabría plasmar la del mediterráneo. Además a mí me gusta más la del norte, me gusta esa atmósfera y plasticidad que da esa bruma. Es más bonito. Al ser de Asturias tengo esa temperatura de color en la retina, no sabría plasmar otra.

Fue un pintor muy precoz...

Llevo pintando desde los 7 años. Es totalmente vocacional, algo bestial. Pinto todos los días, si no tengo la sensación de que me oxido.

¿Le viene de familia?

No, en mi familia no había pintores profesionales, aunque sí aficionados a la pintura.

¿Cómo diría que ha sido su evolución?

Muchas veces tú no ves tu evolución, pero la gente me dice que las últimas obras son más luminosas y sobre todo juego mucho con las composiciones.

Vivir de esto no será fácil...

Fácil no es, sobre todo al principio. Cuesta hacerse un hueco, aunque yo siempre tuve apoyo de las galerías. Desde que tenía 18 años expuse. Creo que ahora es más difícil y sin apoyos un pintor no puede darse a conocer. No es como un escritor o la música que tiene una industria detrás. Pero la pintura es como la hermanita pobre a la que no hacen mucho caso las televisiones ni recibe subvenciones.

¿Ha cambiado mucho ese primer Gijón que le inspiró?

Gijón ha cambiado. Yo no miro lo que se ha construido porque mi tema es la playa y el mar. Cambia la ropa de la gente y el puerto, ya no se ve la llegada de pescado a la lonja. Tampoco ves los barcos de vapor ni el ropaje de los marineros, siempre con gorra y chubasquero amarillo. Lo sé bien porque me encantaba ir a la rula.

¿Cómo definiría su estilo?

Es una pintura que quiere transmitir emociones, momentos y sensaciones dentro del realismo que caracteriza mi obra.