El Comercio

«No fui a Vidayán ni atropellé a nadie», dice al acusado de arrollar a una mujer

  • La víctima reconoce «sin ninguna duda» al procesado durante el juicio como el conductor que la hirió y que huyó tras el accidente en 2013

No existe prueba de cargo suficiente para condenar al acusado de atropellar a una mujer en la carretera de Vidayán en 2013. Esa es la tesis que sostuvo la defensa del joven procesado, que negó ser el autor de los hechos. «No pasé en coche por allí ni atropellé a nadie. Ni siquiera conozco esa zona. Ese día estuve en casa de mi tio y luego fui al Tartiere a ver el fútbol», sostuvo ante el Juzgado de lo Penal número 3, donde ayer se celebró la vista oral de la causa.

La principal prueba que hay contra él es el testimonio de la víctima, quien aseguró reconocer «sin ningún género de dudas» al conductor del atropello, al mismo joven que ayer estaba sentado en el banquillo de los acusados. Sin embargo, el letrado defensor puso en duda esa tajante afirmación. «No decimos que la mujer miente, solo que se confunde, porque el coche que la atropelló iba muy rápido, según declararon agentes y testigos, y ella estaba de espaldas y solo se giró un momento», expresó el letrado.

La víctima explicó cómo el día de los hechos, el 5 de mayo de 2013, sobre las 16.30 horas, ella había derrapado por un poco de grava en la carretera. El coche había quedado un poco en la cuneta y su marido se dirigió a una casa muy cercana para preguntar el nombre de la localidad y sacar de allí el coche. Ella se encontraba en una pequeña explanada fuera de la carretera cuando oyó a su espalda cómo derrapaba un turismo. «Me giré y vi un coche, y a su conductor, que venía muy rápido, sin control del vehículo. Eché a correr y ya no recuerdo más», expresó durante el juicio. El coche le alcanzó y le causo diferentes lesiones. No se detuvo.

Varios testigos, vecinos de la zona y la pareja de la víctima vieron el vehículo. Era un Seat Ibiza negro. «Sabía el número de la matrícula, pero no lo recordaba. Solo recordaba que la matrícula terminaba en 'W'. En cuanto la Policía me mostró el coche, no tuve duda de que era ese vehículo. No recordaba el número, pero lo sabía», explicó el marido de la lesionada.

Los agentes llegaron hasta el vehículo, propiedad de la madre del procesado, por el testimonio voluntario de otras dos personas. Una de ellas declaró ayer en el juzgado. «Cuando ocurrió esto, a los pocos días yo iba con el que era mi novio en coche y la Policía nos paró. Creían que habíamos sido nosotros, pero habíamos escuchado que había sido él y que había escondido el coche. Yo no hablé con él, pero mi expareja sí», resumió la testigo. Los agentes comprobaron que el coche que usaba este chico tenía un golpe en la aleta derecha y fue arrestado.

«El testimonio no tiene validez. El coche no estaba escondido, los agentes lo encontraron junto al portal de la familia de mi cliente», apostilló el letrado defensor. Esos mismos agentes reconocieron que era imposible saber si los golpes que presentaba el coche eran recientes o no. «Había algunas partes del vehículo que tenían golpes con óxido, que puede ser indicativo de que pertenecen al pasado y otros que no lo tenían, pero de los cuales es imposible determinar la antigüedad», señalaron los agentes de la Policía Científica encargados de realizar el informe.

Otro de los testigos aseguró que había visto un coche negro con una gran pegatina. «Esa pegatina no apareció en el coche», insistió el letrado. No obstante, tras escuchar todos los testimonios, el Ministerio Fiscal mantuvo su petición de seis meses de prisión por un delito de lesiones imprudentes, la privación del derecho a conducir vehículos durante cuatro años y el pago de una indemnización de más de 26.000 euros.