El Comercio

Álvaro Entrialgo ante una de sus obras en la Sala Murillo.
Álvaro Entrialgo ante una de sus obras en la Sala Murillo. / M. ROJAS

El pintor del trazo tranquilo

  • Álvaro Entrialgo expone en la sala Murillo una antología de su obra basada en paisajes asturianos y europeos

Su voz suave y su mirada tranquila denotan una sensibilidad especial en la figura de Álvaro Entrialgo. Una sensibilidad que ha plasmado en lo que él denomina una «afición», la pintura.

Reconoce que ha sido un pintor autodidacta, nunca acudió a una escuela de Bellas Artes, ni nunca recibió una clase de pintura. Hasta el punto que cuando tuvo la oportunidad de hacerlo tuvo que renunciar: «La Diputación Provincial me concedió una beca para estudiar Bellas Artes pero la tuve que rechazar por mi trabajo». Fue socio director de una gestoría en el edificio de La Jirafa. «Me hubiese gustado dedicarme profesionalmente al arte, pero eso hubiese supuesto dejar mi trabajo», justifica.

Aún así, la pintura siempre ha estado presente en su vida. Incluso en los momentos más difíciles. Hace tres años sufrió un ictus pero no dejó de pintar. Los propios médicos le aseguraron que podría seguir haciéndolo: «Tengo 80 años cumplidos y sigo pintando», asegura Entrialgo, que ayer inauguró en la sala Murillo una exposición antológica sobre su obra. Es la primera vez que expone en esta galería.

En total, veintinueve cuadros y varios dibujos sobre los paisajes que vislumbraron los ojos tranquilos de este pintor autodidacta. «Siempre pinto al aire libre y en óleo porque no tengo conocimientos artísticos», dice con prudencia. La misma con la que define su obra: «Son paisajes que he visto. Montañas y casonas del Oriente asturiano y también de Austria, Suiza, Italia o Francia. Disfruto pintando al aire libre».

Reconoce que tiene cierta predilección por los paisajes del Oriente asturiano. «Tiene un aliciente especial. Su color, las montañas, el verde de los valles», destaca.

Se considera un pintor exigente y confiesa que más del veinte por ciento de lo que pinta no se logra: «Hay veces que me dicen que un cuadro es muy bonito pero yo no lo veo así. O es bueno o es malo, no bonito. Soy el más exigente con mis obras».

Pasión por el arte

Su afición por la pintura le viene de muy joven. «Tenía una amistad con una familiar que poseía una tienda de marcos, Marcos Angelín. Allí nació mi ilusión por pintar», rememora. Con 16 años, Entrialgo ganó un concurso de diseño de carteles para las fiestas de San Juan de La Corredoria. «Fue mi primer premio como pintor», asevera. Luego vinieron más. En 1957 recibió el segundo premio provincial de Educación y Descanso, lo que hoy equivaldría al Ministerio de Cultura. Un año más tarde se hizo con el primero. «Ni me imagino el número de obras que he pintado pero no muchas porque no es mi profesión habitual». La exposición de Álvaro Entrialgo podrá visitarse hasta el 28 de septiembre.