El Comercio

Oviedo redefinirá el entorno del Campo para romper la «muralla de tráfico» que lo rodea

El Consistorio trabaja con el Colegio de Arquitectos para cambiar la fisionomía de la arboleda, «convertida en una gran rotonda».
El Consistorio trabaja con el Colegio de Arquitectos para cambiar la fisionomía de la arboleda, «convertida en una gran rotonda». / P. Lorenzana
  • El Colegio de Arquitectos inicia su diagnóstico para buscar recorridos peatonales que unan diferentes zonas de la ciudad con la arboleda

El Campo, como llaman los ovetenses a ese pulmón verde de la ciudad, ese parque de estilo inglés que acumula más de ocho siglos de historia, está inevitablemente unido a la identidad de la ciudad. No es raro encontrarse con ciudadanos que relatan sus aventuras de niños en la arboleda, cuando compraban golosinas en La Chucha, o que rememoran aquellos bailes en La Herradura. La vida giraba no hace tantos años en torno a ese espacio, pero ahora lo que gira a su alrededor son coches. «El Campo de San Francisco se ha convertido en una gran rotonda y debemos cambiarlo, debe ser un elemento estructural que además ofrece muchas posibilidades para la movilidad sostenible», defiende el concejal de Urbanismo, Ignacio Fernández del Páramo. El Ayuntamiento quiere redefinir todo el entorno de ese espacio verde y derribar «esa muralla de tráfico» que lo rodea creando recorridos peatonales desde diferentes puntos de la ciudad hasta la arboleda. El proyecto ya ha comenzado a dar sus primeros pasos.

En una suerte de experiencia piloto, el Consistorio ha iniciado una colaboración con el Colegio de Arquitectos de Asturias para realizar un diagnóstico de los usos actuales del Campo de San Francisco. El grupo de urbanismo del colegio arrancó este mes ese estudio y analizará los recorridos más habituales que realizan los peatones y cuáles otros podría trazar de no encontrarse con barreras. «El peatón tiene que sortear obstáculos continuamente para acceder al parque. Hay conexiones peatonales que parecen llevarte hacia el Campo y que terminan en nada», define Del Páramo.

Si cualquier ciudadano, por ejemplo, se dirige desde las plazas de El Fontán, el Ayuntamiento o desde la Catedral por la calle San Francisco hacia la arboleda se encuentra de bruces con el asfalto. Incluso debe realizar cierto rodeo para acceder a un semáforo y esperar para entrar en la zona verde. Que cualquier persona pueda a pie realizar esos recorridos directamente es el objetivo de este proyecto cuya ejecución se licitará el próximo año.

El arquitecto Javier Calzadilla, muy implicado con el proyecto, tiene claro que cualquier persona que cruce el Campo de San Francisco es porque llevaba esa intención previa, «no es algo que te encuentres y es una pena porque es precioso y con una riqueza forestal muy importante. Hay que conectarlo con la ciudad», resalta. Son conscientes desde el Colegio de Arquitectos que cualquier pequeña intervención «puede tener una gran influencia. Es un lugar estratégico», dice Ana Piquero, la delegada de urbanismo en el órgano colegial.

Desde hace quince días y hasta mediados de octubre, el grupo de trabajo sacará sus conclusiones para repensar el espacio. La evaluación técnica se completará con un proceso participativo en el que los usuarios mostrarán sus propias impresiones sobre el uso del Campo. La reflexión conjunta concluirá en diciembre y de la misma surgirán los criterios de intervención que se incluirán en el pliego de condiciones técnicas para el concurso que el Ayuntamiento convocará en 2017.

«No es una peatonalización»

El proceso que ha iniciado el Consistorio para redefinir todo el entorno del Campo de San Francisco no es «una gran peatonalización». Son pequeñas intervenciones para solucionar «los encuentros del Campo con otras zonas de la ciudad. Para el concejal de Urbanismo lo ideal es que desde el centro de la arboleda no se escuche el ruido del tráfico. Pero esa regulación a mayores es objeto del Plan de Movilidad. «La ciudad tiene que ir poco a poco adaptándose para facilitar los tránsitos peatonales y en bicicleta. En una ciudad como Oviedo son los modos más rápidos para cruzar la ciudad», dice. Eso irá acompañado, en ese plan de urbanismo, de un «impulso de los medios de transporte público». En todo caso, dice Páramo, que ahora lo que toca es creer que ese cambio es viable. Los ovetenses tienen además un precedente no tan lejano: «Cuando a comienzos de los años 90 se peatonalizó el casco Antiguo y algunas partes aledañas hubo muchas voces que creían que era una locura. Creo que ahora nadie duda que eso fue positivo», ejemplifica el concejal. Ahora lo que toca es repensar ese pulmón verde de la ciudad, el Campo de todos los ovetenses.