El Comercio

El Banco Popular retoma el plan Manjoya-Cabornio para 1.200 chalés

A la derecha del puente, los suelos del plan Manjoya-Cabornio
A la derecha del puente, los suelos del plan Manjoya-Cabornio / M. R.
  • La Concejalía de Urbanismo aprueba el proyecto de actuación paralizado desde hace una década

En 2004, el Ayuntamiento aprobó una modificación del Plan General de Ordenación Urbana que convirtió en urbanizables una serie de terrenos entre la antigua fábrica de Española de Explosivos y la ciudad. Todas las actuaciones llevaban por nombre común Manjoya y de apellido Río Gafo, Cabornio, Toral, Condado o Fuente Forno, de los que los dos primeros son los más importantes por superficie y número de viviendas. Ambos han vivido a la sombra de su ‘hermano mayor’, Manjoya-Santiago, el de los titulares: la contaminación, la posterior descontaminación, las vivienda sociales, su venta para pisos privados, la quiebra de la constructora Urazca con la mitad de los pisos previstos, su rescate por Caixa Galicia y sus doscientos pisos terminados, aislados en mitad de la nada. Hasta ahora, porque el Banco Popular ha retomado la tramitación del plan colindante, el de Manjoya-Cabornio, donde están previstas hasta 1.200 viviendas unifamiliares.

En realidad, la entidad financiera es el cuarto propietario que aparece por la Concejalía de Urbanismo a ‘mover papeles’. De la operación inicial, tras la recalificación exprés de los terrenos, salió una venta que acabó como tantas otras hechas en vísperas del estallido de la burbuja inmobiliaria en manos de las entidades financieras.

En 2010, la situación para los nuevos propietarios era insostenible. Boreal Desarrollos Inmobiliarios era el nombre bajo el que dos cajas de ahorros en las últimas –Cajasol y Caixa Galicia, que ya había tenido que quedarse en Manjoya-Santiago con todos los activos de Urazca– intentaron mejorar su balance tramitando el plan parcial del ámbito. Lo hicieron con tantas prisas que los técnicos de Urbanismo hallaron decenas de defectos en el documento que deberían ser corregidos en el proyecto de urbanización.

Entre los defectos más graves, señalaban que el plan no precisaba la cota de las parcelas ni de los viales, espacios libres ni equipamientos. Las definiciones –anchos o rasantes– de los viales deben ajustarse a las normas urbanísticas del PGOU, y revisarse estas últimas, «suavizando pendientes y reduciendo los cambios de rasante», decían. Y no es broma. Las veinticinco hectáreas de este ámbito ocupan la ladera que baja de la carretera de La Manjoya hacia la A-66. Cualquiera que circule por la autopista de Mieres puede ver que las pendientes no son un chiste y que la urbanización del terreno no será fácil.

Los técnicos pedían que se eliminasen los fondos de saco, se diese continuidad a las distintas zonas y se creasen itinerarios peatonales; y advertían que las previsiones del plan para algunas parcelas son inadmisibles. El diseño prefiguraba grandes solares llanos para agrupar las viviendas, a costa de trasladar los desniveles a las parcelas públicas de equipamiento y zona verde.

El nuevo plan de actuación presentado por el Banco Popular deja todas esas cuestiones para el futuro proyecto de urbanización, que se compromete a presentar en el plazo de seis meses. Mantiene también las previsiones y costes del documento anterior, que cifran los gastos de la urbanización en dieciséis millones de euros.

Sobre el papel Cabornio será la mayor operación para chalés del municipio, a la espera de la redefinición de Montecanales, que, con el hundimiento de Martinsa, redujo la futura competencia en 2.500 unifamiliares. De las 1.200 viviendas previstas, un 30% podrán ser «unifamiliares agrupadas», el cada vez más popular ‘modelo villa’, en el que en un mismo edificio se unen varias viviendas unifamiliares con distintos modelos. Pero Cabornio es también un ejemplo del urbanismo que quiere cambiar el equipo de gobierno. Lo es por su impacto. Afectará a veinticinco hectáreas de suelos rurales y de transición, para una densidad bajísima, como mucho 1.200 viviendas precariamente comunicadas con la ciudad, cuyos propietarios vivirán en el coche.

La Concejalía de Urbanismo quiere contratar una asistencia técnica para iniciar la revisión del PGOU de cara a crear un modelo de ciudad más compacto y sostenible. El objetivo pone en el punto de mira las grandes bolsas de suelos urbanizables fracasados creadas por el PP a partir del año 2000 como la mayor parte del plan de vivienda o esta serie de planes de nombre Manjoya.

Sin el Río Gafo

Precariamente comunicadas porque sin el desarrollo del colindante y menor Manjoya-Río Gafo, la principal vía de salida conducirá a la carretera de La Manjoya, para desde allí optar por circular hacia la de San Esteban de la Cruces o buscar Oviedo a través de Manjoya-Santiago y sus avenidas casi fantasmales. Y lo de Manjoya-Río Gafo –575 chalés–, tampoco tiene pinta de salir adelante en los próximos meses. Los terrenos, que fueron adquiridos por Anca en las misma operación que los del plan de Manjoya-Santiago, no han visto mucho movimiento en los últimos años. Apenas, la tramitación de una expropiación en 2009.

Claro que las cosas no son fáciles. Antes de acabar en manos del Popular, Boreal Desarrollos Inmobiliarios desapareció. Ni Cajasol ni Caixa Galicia existen ya como tal. Ambas fueron integradas con otros grupos de cajas y después rescatadas por el Banco de España y sus activos transferidos a la Sareb. Del ‘banco malo’ los 250.000 metros cuadrados de suelo ovetense.

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