El Comercio

Un buen día

Lo malo de los sábados por la noche son los domingos por la mañana. A las 7.30 de la mañana. ¿Tengo una hija o el despertador de un sueco? San Mateo son días de reencuentros con los ovetenses de la diáspora. El vermú en El Borrachín con carreras a la pata coja, bebés en brazos, fotos, bocabits y onduladas sabor jamón.

Caigo casi rodando hacia el Bombé. A ver cómo ha quedado aquello. Está lleno a rebosar. Miles de pompas de jabón indican que hasta los vendedores ambulantes están haciendo su agosto. Hay comida mexicana, asiática, hamburguesas y cervezas para hidratar.

Mando a Cacahuete y Pipa a por castañas y me pido una. Cuando salgo de la barra no los veo y camino por detrás de las casetas dando voces. Detrás de la de Naguar, hay un conciliábulo extraño. En el centro, un hombre con cara aniñada y flequillo parece aleccionar a los demás entre los que reconozco caras de hosteleros.

-Antes vivíamos mejor, tenía otro prestigio, pinchábamos más a los Hombres G y contábamos hasta con nuestra moneda propia. El año que viene no quiero veros por aquí.

-Sí, sí, sí José Luis, ya si eso te llamamos, ¿vale?, le responde a uno de ellos.