El Comercio

La soledad de Natalia

Natalia García, con un grupo de turistas detrás, posa ante El Ovetense, si su ansiada terraza.
Natalia García, con un grupo de turistas detrás, posa ante El Ovetense, si su ansiada terraza. / Álex Piña
  • El Ovetense lamenta un San Mateo diferente, sin poder instalar su terraza, por el plan de seguridad

Terrazas para chiringuitos, sí. Terrazas para bares, no todos. La soledad de Natalia García –regente del Hotel Sidrería El Ovetense, con más de cuarenta años de antigüedad es la ciudad– es la falta de su terraza. Un posible plan de evacuación ante contingencias inesperadas por parte de la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Oviedo afecta a la calle San Juan y El Águila (La Belmontina sufre la misma situación). El Fondín, en Trascorrales, tiene terraza pero, debido al botellón, ha tenido que quitarla por invasiones lesivas.

Más San Mateo

Hordas de turistas llegan a El Ovetense, a partir de las ocho de la tarde, y se encuentran que no pueden cenar ni sentarse fuera. La polémica ha generado treinta y seis mil adhesiones en redes sociales ante una medida que consideran injusta: familias enteras disfrutaban del pollo al ajillo (plato estrella de la casa) mientras los niños jugaban en una cómoda calle peatonal, a un paso de los chiringuitos y de la Catedral. Gran lujo para quien rechaza el bocata y su feria.

Cruza uno por el bulle-bulle de la estatua del Viajero (Williams Arrensberg) y todo es jolgorio, fiesta, risas autóctonas y aquellas otras que vienen de lejos. Dos extremeños, en pleno Rincón Cubano, uno engullendo mojitos a todo tren, el otro pausado, con una cerveza, según él, hora y pico. Le susurra el segundo al primero (varios días de fiesta, ojeras hasta los tobillos, camisetas sudadas y playeros desatados): «¡Sé modesto, hombre! Es la clase de orgullo que menos desagrada». Contesta el segundo: «Ni el vicio me seduce ni adoro la virtud». Lo gracioso es que son hermanos, frecuentan poco los libros y han venido con trescientos euros cada uno para pasar una semana. Menudo arte... luego callan y beben sin hablarse, como en el Oeste. Llegamos al Hotel Sidrería El Ovetense y comienza otra película: amplio desierto, nada en la calle.

La soledad de Natalia es que ni un solo responsable público se ha personado en el local para averiguar visos de solución. El trámite ha sido por mensajería y cuatro días antes de que comenzasen las fiestas. Ofende a la seriedad de la empresaria la precipitación con la que se ha hecho el programa de fiestas, lindante con la dejadez: «Tienen todo el año para organizarlo y, cuatro días antes, no tenían ni el escenario principal de la Catedral. No se pueden imaginar las pérdidas para un local cuyos principales ingresos vienen a partir de las ocho de la tarde». Los mentideros de la ciudad no callan: se habla de daño gratuito, se habla de filiaciones o no políticas, se habla de fobias entre los chiringuitos… El Ovetense, templo local, majada familiar, llora la ausencia de no poder atender a su clientela como le gustaría. Y eso escuece, porque han sido muchos años al pie del timón repartiendo alegría.