El Comercio

El bollo de muchas generaciones

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El Campo estaba a rebosar de gente. / FOTOS: ALEX PIÑA Y MARIO ROJAS

  • La jornada festiva congrega a miles de ovetenses en el Parque, desde recién nacidos a abuelos, que disfrutan de comida, música y juegos

  • Familias y amigos llenan el Campo en San Mateo, algunos «desde hace sesenta años»

El día de San Mateo es una jornada de tradiciones: levantarse, ir buscar el bollo y rematar la comida, para después acudir al Campo San Francisco a disfrutar del ambiente festivo. Así lo hizo Antonia Casado, que lleva por lo menos sesenta años siguiendo esta costumbre. La primera vez que acudió a este emplazamiento para celebrar el día grande de las fiestas estaba soltera. Ahora ya tiene nietos. El martes tuvo una jornada frenética. Fue a buscar a los pequeños al colegio, hizo las casadielles y las tortillas de patata, y luego vio los fuegos artificiales desde Otero, su barrio. Cuando llegó a su casa cayó rendida en la cama. Ayer por la tarde aún estaba cansada de tanto trajín, sin ganas de ir a dar una vuelta. Esto se lo dejó a «los jóvenes», para que llevasen a los críos «a los juegos». Ellos no solo se animan a comer en la calle cada 21 de septiembre, sino que cada Martes de Campo siguen este ritual.

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También llevan sesenta años reuniéndose Iván Fernández y sus amigos. Ellos son socios de la Asociación de Personas Sordas de Oviedo y con el bollo en la mano afirmaban que otros años «habían sido más». Aunque alguno de los integrantes del grupo tiene problemas de movilidad y decidieron no ir al Campo, al final se juntaron diecinueve personas. A su menú incorporaron los frixuelos y tienen la costumbre de disfrutar de la comida en un banco del Bombé. Unas veces en uno, otras veces en otro, pero siempre en este paseo.

Comida en el prau

En medio del Campo se encontraban Yolanda Menéndez, Joana González, Vanesa Morán, Fran Ramos, Luis Ramos y Alba Suárez, con sus respectivos hijos. Este año celebraban que a lo largo del año, la familia había crecido en tres nuevos integrantes: las gemelas Beatriz y Lucía Montero, y Ainhoa Ramos. Cada 21 de septiembre se juntan para comer «empanada, bollos,...» y en esta ocasión «macarrones con chorizo». A los niños no les entusiasmaba la idea de comer el pan con chorizo típico y decidieron hacerles un plato que les gustase. Como en este grupo hay ocho críos, el parque móvil de carricoches rodeaba el grupo. Además, Yolanda Menéndez ironizó con que espera que el año que viene no sean más bebés: «¿Parecen pocos?»

Otros que siempre tienen el día señalado en el calendario son la familia Argüelles y Suárez. Ellos ya no quedan, sino que llegan al Campo San Francisco y se buscan. Muchos años extendieron su mantel al lado de las orquestas, pero este año cambiaron su ubicación y decidieron estar más cerca de la Fuente de las Ranas y poner los platos con la comida delante de la biblioteca de La Granja. Cada matrimonio hace una comida diferente y este es el único día del año en el que «nos juntamos todos».

Por su parte, Sara Suárez volvió a vivir el día de San Mateo en el Campo. De pequeña acudió a este lugar con sus padres y ahora ella lo hace con sus hijas. En esta ocasión, estaban disfrutando de esta agradable jornada con su amiga Begoña Basquida y sus dos niñas. Ellas ya vivieron el año pasado esta experiencia y decidieron repetir. Al pequeño Saúl lo que más le gustó de toda la comida fue la tortilla de patata, pero el menú era de lo más variado. Después de reposar el bollo fueron a los juegos que se organizaron y entre ellos hubo dos sesiones del 'Circo en la luna'. La primera se celebró al mediodía y la otra a media tarde. Los más pequeños se lo pasaron en grande con los juegos con fuego, las pizarras y los globos en forma de corazón. En este grupo, Javier Fernández quería ir a los chiringuitos, pero necesitaba que el resto le apoyase en este plan y al mediodía parecía que no había mucho quórum.

La voluntaria de la Cruz Roja Raquel Crespo acudió al Campo San Francisco con ocho acompañantes. Antes de comer dieron un paseo por el centro para hacer hueco para la comida. Entre ellos estaba María Jesús Suárez, que compró el bollo en Santo Medero y después de degustarlo afirmó «están de rechupete». Asimismo, bebieron sidra y Luis Sainero fue el encargado de escanciarla. Una vez terminada la comida, Suárez decidió dormir la siesta y luego acompañar a Patricia Núñez a la estación de tren, ya que su lugar de residencia es Gijón.

A pesar de que ayer en el Campo San Francisco se podían encontrar grupos de lo más variopinto a todos les unes una cosa en común: el bollo. Algunos son socios de la Sociedad Ovetense de Festejos (SOF) y acudieron con sus vales a la plaza de España a recogerlos. Otros decidieron ir a la panadería más cercana a su casa a encargarlo y algunos hacerlos en su propio horno amasando primero el pan y después metiendo el chorizo.