El Comercio

Susana Fernández Iglesias.
Susana Fernández Iglesias. / M. R.

«Si el vecino no llega a defender a las dos mujeres, hubiera sido letal»

  • Se suspende el juicio contra el acusado de intentar asesinar a su exmujer y a una amiga, que tuvieron que ver a su agresor en el juzgado

Las acusaciones particulares y el Ministerio Fiscal lo tienen claro: «Si un vecino no hubiera entrado en la vivienda y reducido al agresor, el resultado hubiera sido letal». Las dos mujeres que resultaron heridas, una de ellas la exmujer del procesado, podrían haber muerto hace un año y «quién sabe que podría haber pasado con la hija», decía ayer una de las abogadas de la acusación particular, Susana Fernández Iglesias. Porque ese doble intento de asesinato que ahora se enjuicia, se produjo ante la niña de 8 años. El hombre se enfrenta a 27 años de prisión, aunque hasta diciembre no se conocerá su pena: el juicio se suspendió ayer por la ausencia de ese vecino que las salvó, ese testigo fundamental en el proceso. Y aunque la vista oral no se celebró, las dos víctimas, la exmujer del agresor y una amiga, representada por José Manuel Fernández González, tuvieron que cruzarse con el acusado.

«¿Por qué pasan a un asesino ante mí?», lamentaba la exmujer y víctima del procesado. Dos agentes custodiaron al detenido desde los calabozos del Palacio de Justicia, pero por la estructura del edificio, y pese a que Fiscalía y las acusaciones habían solicitado que se tomaran las medidas para que agresor y las víctimas no se vieran, el hombre, esposado, pasó ante ellas. Ambas mostraron su nerviosismo, mientras él giraba la cabeza para mirarlas. «En la sala estaba colocado el biombo para que no hubiera contacto entre víctima y agresor, pero parece que las instalaciones del juzgado no están muy adecuadas para estas cosas y pasó por delante de ellas. Es una lástima porque han pasado un momento muy duro», expresó la letrada que representa a la exmujer del procesado.

El desafortunado encuentro ocurrió, además, dos veces. El hombre permaneció en el interior de la Sala Tercera de la Audiencia Provincial tan solo unos minutos. Ante la ausencia de dos testigos fundamentales, el vecino que salvó a las mujeres y su mujer, que se hizo cargo de la niña hasta la llegada de la Policía Nacional, el tribunal acordó la suspensión del juicio que se celebrará el próximo 20 de diciembre.

Ese testigo está ahora viviendo en Londres y por motivos laborales no pudo trasladarse al juicio. «El día del suceso escuchó voces en el portal, miró por la mirilla y vio al hombre y a la víctima. Luego escucharon muchos gritos en la casa, llamando al procesado por su nombre, diciéndole que parara, que las iba a matar. El vecino intentó derribar la puerta a patadas, hasta que la dueña de la casa, malherida, consiguió zafarse y abrir la puerta. Entonces pudo entrar y en un acto heroico, arriesgando su propia vida, consiguió reducirle», describió.

Los gritos que escuchaban los residentes eran los de las dos mujeres heridas. El acusado aprovechó un intercambio de la niña, según el régimen de visitas que tenía establecido, para agredir a su exmujer en el portal del inmueble. Le clavó un destornillador en el pecho y luego la obligó a subir a la vivienda de su amiga, donde la víctima y su hija residían, y prosiguió con su agresión a las dos adultas. También llegó a empuñar el destornillador y colocarlo en el cuello de la niña. «Fue a entregar a la niña con una bolsa en la que escondía un martillo, un punzón, un puñal, cuerdas y cinta de carrocero. Hubo una premeditación absoluta. Su pretensión era asesinar a mi cliente y no sabemos si a la niña también», afirmó la abogada. Si no hubieran intervenido con la rapidez, insistió, las heridas hubieran sido letales». La niña que lo presenció todo, y que presenta un trastorno autista, tuvo una crisis nerviosa y estuvo ingresada en el hospital. La defensa alega que el hombre se había medicado horas antes y que no recuerda los hechos.