El Comercio

Agustín & Míchigan VOL. I

La mitad de los clientes del bar están viendo el partido de fútbol arremolinados en la esquina del fondo. El espacio es limitado alrededor de la mesa donde reposa la Samsung Galaxy P605 que reproduce el evento desde www.rojadirecta.me. A la mitad de la mitad del partido entra en el tugurio de El Milán Agustín. Él, ligeramente borracho, pide al camarero un Vodka limón que traga al golpe para, a continuación, pedir otro y dirigirse curioso a la masa espectadora que bulle en la esquina.

El exceso de alcohol de Agustín junto con lo apretado del entorno provoca que la copa recién pedida se le derrame sobre la turba que se remueve y acaba rompiendo la Tablet poniendo fin al partido.

La bronca es inevitable: uno -indeterminado y no averiguada su identidad en el proceso penal que se seguiría- asesta un puñetazo en el estómago de Agustín. Otro le revienta al infortunado borracho las gafas dejándole un ojo amoratado. Y cuando el último -Daniel P.P.- le lanza una patada con botas militares en las costillas, justo en ese preciso momento todo se endiabla: el apaleado Agustín saca un arma -pistola corta de calibre 6,35 y sin marca, montada y preparada para hacer fuego, careciendo de la licencia y guía correspondiente-.

Y allí, en la 'Ciudad de los Magnolios y Tenistas' donde nunca pasa nada, Agustín apunta despreocupadamente a Daniel P. P. y le pega un tiro, en la mano derecha. El resultado, según sentencia de la Audiencia sería: «La completa pérdida de falanges media y distal del dedo índice, o segundo, de la mano derecha, rojizo edematoso con cicatriz en muñón, con síndrome del miembro fantasma o sensación de ausencia del miembro perdido, con dolor neuropático referido a esa ausencia de esa parte del dedo, con dolor localizado en el muñón».

El dedo de Daniel P. P. se resolvió con pena de tres años y seis meses. La tenencia del arma de Agustín, un 564 del Libro, supuso dos años y seis meses, que en sentencia de la Audiencia se lee así:

«El delito de tenencia ilícita de armas es una infracción atentatoria contra el orden público cuya punición se preordena, no sólo a la protección de la seguridad del Estado, sino también de la seguridad general o comunitaria para la que entraña un riesgo la detentación por particulares, sin ningún tipo de control y careciendo de cualquier tipo de permiso o licencia habilitante que permitan a las autoridades competentes su fiscalización, aunque como infracción de mera actividad no reclama para su consumación el uso efectivo de, ahora, la pistola, sin perjuicio de que tal y como aconteció, la materialización de su empleo en la agresión, permita la sanción penal de todas las infracciones».