El Comercio

Un tren Alvia en circulación.
Un tren Alvia en circulación. / ALEX PIÑA

Vías muertas a todo tren

  • «En 1881, en la plaza de La Escandalera hubo una gran manifestación por el trazado ferroviario. Yo creo que es hora de repetirla ante el Ministerio de Fomento»

Leo en la edición del viernes de este diario que, al cumplirse un año desde la entrada en funcionamiento del servicio de alta velocidad de Renfe en la línea Madrid-León, se ha constatado un importante incremento en el número de viajeros, lo que es de pura lógica. Los leoneses y no digamos ya los palentinos han aparcado el bus o el coche particular porque los vehículos sobre ruedas de goma no pueden competir, ni de lejos, con un tren que supera los 250 km/h y que pronto incrementará aún su velocidad.

Según informa Renfe, las conexiones con Asturias son unas de las grandes beneficiadas, con un aumento del número de usuarios del 16%, y la información extractada por EL COMERCIO indica que los viajeros entre Madrid y Oviedo pasaron de los 206.600 a los 240.500 de los últimos doce meses y entre Madrid y Gijón, los anteriores 125.600 usuarios se elevaron a 145.800. También es normal. A poco que nos ahorren en el recorrido hasta la capital del reino, nos subimos a ese tren recogiendo las migajas del banquete de nuestros hermanos leoneses. Porque las vías de la estación-chapuza a la orilla del Bernesga han visto como se producía, con la alta velocidad, un incremento del 53% de clientes, acercándose al medio millón, que es una barbaridad para una población como León, pero que evidencia que un buen servicio es siempre demandado y la inversión, con una gestión decente, acaba rentabilizándose.

Mi última experiencia, esta semana, en una línea que conozco como la palma de la mano, es que el primer Alvia que sale de Chamartín, cuando las cafeterías de la estación aún duermen, deja muy pocos viajeros en Valladolid, por la sencilla razón de que no necesitan pegarse el madrugón ya que a cada poco tienen un servicio que, en una hora, los deja en Madrid; tampoco deja a muchos usuarios en Palencia y empieza a vaciarse en León. Aunque, eso sí, el grueso del pasaje prosigue resignado hasta las dos paradas asturianas. Y es dejar León y comenzar la desolación. Detenciones, retrasos -el martes, quince minutos-, velocidades comprensibles por el trazado pero bochornosas en el primer mundo, viaje de espaldas y otros obsequios similares.

Y lo peor de este agravio comparativo que perjudica a la mayoría de los que se suben en Chamartín es saber y hasta ver que se han fundido millones a espuertas en horadar por partida doble la cordillera y que esos túneles, sin continuidad de vía, están ahí muertos de risa y acopiando aguas desde hace años. Luego está el despropósito de la ladera deslizante de Campomanes y, como remate de la tomadura de pelo y las mil mentiras ministeriales -iba a abrirse la línea en 2015-, los encargos de proyectos faraónicos para llegar no ya a Oviedo y Gijón, sino también a Avilés y a donde se quiera uno imaginar porque el papel lo aguanta todo. Póngase en funcionamiento lo ya acometido y déjense de zarandajas hasta que nos podamos creer que el AVE entra en Asturias.

El 27 de marzo de 1881, como es bien sabido, hubo en la actual plaza de La Escandalera una gran manifestación relacionada con el trazado ferroviario. Yo creo que es hora de repetirla, de manera multitudinaria, pero no aquí en Oviedo, donde ni mirarían para nosotros, sino delante del Ministerio de Fomento, ahora con ministro compartido y en funciones. No soy amigo de algaradas y deploro el más mínimo signo violento. Pero sí creo que los poderes públicos regionales y municipales deberían alentar esa protesta y los asturianos y ovetenses, en particular, no deberíamos dejarnos avasallar ni un minuto más. Porque corren malas noticias -o rumores- sobre la no financiación europea, los problemas contractuales y el soterramiento de León y cualquier pretexto puede ser bueno para seguir sin hacer nada eficazmente.

¡Qué paradoja! El dicho 'a todo tren', es una locución adverbial que significa 'sin reparar en gastos, con fausto y opulencia'. Y en Asturias, en la variante de Pajares, se ha dilapidado, sin duda, a todo tren, con unas inversiones desmesuradas y modificados de quitar el hipo y, sin embargo, no tenemos tren. Bueno, el mismo de nuestros bisabuelos para ser más exactos.