El Comercio

Carmen Basacarán durante la presentación en el Filarmónica.
Carmen Basacarán durante la presentación en el Filarmónica. / A. PIÑA

«Sería un triunfo que la Iglesia fuese tratada como una asociación más»

  • Carmen Bascarán , Misionera laica

  • El Filarmónica acogió el documental 'La fuerza de los pequeños' sobre el centro de Defensa de la Vida creado por Camen Bascarán en Brasil

Carmen Bascarán (Oviedo, 1944) es una mujer inquieta. «No paro», reconoce, aunque ahora ha hecho de su casa en Oviedo su «cuartel general». Lo hace porque está en plena presentación del documental 'La fuerza de los pequeños', un testimonio audiovisual de los protagonistas del proyecto que esta misionera laica engendró en Açailândia. Un recorrido por los 20 años de historia del Centro de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos en uno de los estados más pobres de Brasil. Ayer lo presentó en el teatro Filarmónica junto a Patricia Simón, directora del documental.

Ha pasado más de quince años en Brasil. ¿De qué modo le ha marcado?

Es un antes y un después. Me marcó porque veo la vida de otra manera, lo que importa y lo que no. Me marcó porque hasta que no cambiemos nuestra forma de pensar, de vivir este mundo no tendrá remedio.

¿Y se puede remediar de alguna forma?

Ahora estamos en un momento oscuro, pero por debajo hay una marea de persona, que como decimos en el documental 'La fuerza de los pequeños', están ilusionadas por dar esperanza ante los explotadores que esclavizan en todos los ámbitos. Ese ataque que hay ahora, tan furibundo, de las fuerzas del mal es una respuesta a esa fuerza de los pequeños que están empujando, son los últimos coletazos de la fiera.

¿Cuál es la peor forma de esclavitud?

La que esclaviza la conciencia, la capacidad de pensar y decidir porque te anula como ser humano.

En 1995 fundó el Centro de Vida y los Derechos Humanos de Açailândia y algo cambió en el estado más pobre de Brasil.

Cuando llegamos allí vimos que ni los derechos, ni la vida de la gente eran respetados. Nos preguntamos qué podríamos hacer y así surgió este centro. Empezamos sin nada, fíjate que el primer archivador que tuvimos fue una caja de naranjas.

¿Qué supuso este proyecto?

Nos encontramos con dos cosas que nos marcaron. Una de ellas fue que la gente allí no existía, no había registro de nacimiento porque había que pagar por él, cuando la ley federal decía que era gratuito. La gente que no tiene para comer no va a pagar por un papel. Hicimos una campaña y logramos ganar la batalla.

¿Y la segunda?

Darnos de narices con el trabajo esclavo. Nos obligó a ir a los sitios para comprobar lo que era esa esclavitud. Ahí hicimos bandera porque esclavizar a una persona es uno de los mayores atropellos contra los derechos humanos. Es robarles la dignidad, la esperanza, la capacidad de amar, es robarles todo.

Sin embargo, hablar de trabajo esclavo en ciertos países del mundo ya no sorprende a la sociedad.

Don Pedro Casaldáliga decía que frente a estas situaciones de esclavitud se te produce una indignación ética tan fuerte que si algún día dejaras de sentirla era señal de que habías dejado de ser un ser humano.

¿Muchos han dejado por el camino esa condición?

Creo que deberíamos pensar en ello. Hemos dejado de tener empatía por el otro. Hay que remover conciencias, sea como sea. No es cuestión de ideología sino de sentirse parte de una comunidad.

El documental recoge todo esto.

Sí y lo cuentan sus protagonistas. Los que comenzaron en el Centro de Defensa de la Vida con ocho años y que ahora relatan lo que fue para ellos este Centro. Ellos son ahora los líderes que continúan el trabajo.

Usted es una misionera laica. ¿Qué le parece que Oviedo se haya adherido a la Red Nacional de Municipios Laicos?

Yo no entiendo lo religioso sin lo social. Pero digo más, el día que la Iglesia pase a ser tratada igual que cualquier otra asociación de ciudadanos y que convenza, no que venza, se daría un paso de gigante para reconciliar todo el anticlericalismo en España y depurar una fe mediatizada.

¿LaIglesia no convence?

Yo no tengo fe en los curas o la iglesia. A mí me convencen las propuestas que se hacen desde el evangelio. Pero qué sociedad humana en su historia no tiene porquerías, crímenes, traiciones. Imagínate una con 2000 años de historia. Hay que hacer camino al andar.

¿Y qué camino va a emprender ahora?

Ejercer de abuela y apoyar las causas que buscan una nueva sociedad.