El Comercio

«Salí a por comida y me asusté al ver policías», dice la acusada de abandonar a sus tres hijas

La acusada a su salida ayer de los juzgados.
La acusada a su salida ayer de los juzgados. / MARIO ROJAS
  • Los agentes que encontraron a las tres menores, entre ellas un bebé de semanas, aseguran que era «la casa de los horrores»

Los agentes de la Policía Nacional que en diciembre de 2014 intervinieron en una vivienda de Pumarín donde tres bebés habían sido abandonados por su madre describieron ayer la escena como «una casa de los horrores». Fueron varios los agentes que ante el magistrado titular del Juzgado de lo Penal número 4 aseguraron no haber visto nada semejante en su trayectoria profesional. La madre de las menores, quien se enfrenta a tres años de cárcel y que ayer ofreció una versión completamente distinta: «Solo había salido de casa a por comida y a la farmacia. No podía dar a las niñas de comer porque el día anterior se había quemado la cocina», aseguró.

Lo que vieron los agentes fue una casa llena de basura y tres niñas completamente descuidadas, entre ellas un bebé de apenas unas semanas que lloraba desconsolado. Eso fue lo que alertó a los vecinos de la calle Benjamín Ortiz, en el barrio de Pumarín. Pasada la media noche, los agentes acudieron al domicilio ante el aviso de los vecinos. Nada más entrar en el portal escucharon el llanto del bebé, pero nadie respondía a la puerta. Por indicación de un residente, lograron entrar a la casa por un patio de luces. «La puerta de la cocina estaba abierta y al entrar vimos la cocina quemada y llena de basura».

La primera habitación que encontraron era la más «decente. Allí, tendido sobre una cama de matrimonio solo con un pañal y sin ninguna protección contra el frío estaba el bebé nacido pocos días antes. «Estaba helado y no dejaba de llorar. Estaba recostado sobre una manta con la que lo envolví. Nada más arroparlo, dejó de llorar», declaró uno de los agentes. Mientras él sacaba al bebé para que fuera atendido por una ambulancia, su compañero se adentraba en la vivienda. Sorteaba basura a ambos lados del pasillo. «Había solo un pequeño camino entre la basura», describió ayer en los juzgados. Al llegar al salón encontró a las otras dos niñas, un de casi tres años y otra de dos. «Era un drama», resumió.

Las dos niñas estaban vestidas solo con una camiseta jugaban con latas de cerveza, «como si fuera un biberón», y se comunicaban entre ellas «con gruñidos. Era muy raro». Aunque lo que más impactó a los policías fue el comportamiento de la niña mayor. «Se balanceaba adelante y atrás, golpeándose con el sillón donde estaba sentada. Tenía como calvas en la cabeza y la mirada perdida. No tuvo ninguna reacción cuando llegamos. Ni sorpresa ni miedo. No nos miró», describía.

El olor a pis y excrementos fue otra de las sensaciones que retuvieron algunos de los agentes que acudieron a la vivienda. «Para que se hagan una idea, el estado de la casa era como el de una persona con síndrome de Diógenes», insistieron.

«Los dejé solo dos horas»

Frente al estremecedor relato de los agentes, la acusada por un delito de abandono de menores ofreció ayer una historia desesperada. «Un día antes de que pasara esto se me quemó la cocina. No tenía un lugar para calentar el alimento de las niñas y después de dar un biberón al bebé salí para buscar comida. Fui a la farmacia que hay junto a la iglesia de San Juan y no iba a tardar más de dos horas», garantizó la procesada que solo respondió a las preguntas de su letrada defensora.

Esa era su intención, aseguró, pero al volver a la vivienda de Pumarín se encontró a una patrulla de la Policía Nacional. Abrió la puerta del portal y vio a «un agente escuchando tras la puerta de mi casa. Pensé que algún vecino habría llamado a las niñas porque las oyó llorar». Las niñas estaban jugando cuando ella se fue y el bebé «dormido tapado por dos mantas». Nada que ver con la escena que describió la Policía Nacional. «Estuvimos un buen rato en la vivienda y no vino nadie. No era que alguien había salido a comprar pan», insistieron los mismos agentes.

La acusada al ver a esos agentes en su vivienda se ocultó. «Me quedé enfrente y vi como sacaban a las niñas, que estaban bien. Solo pensé que era lo que me faltaba». Hacía solo trece días había fallecido su pareja tras padecer un cáncer de pulmón fulminante del que «murió en seis meses». «Yo cuidaba a mis hijas. Tenían todas las vacunas al día, incluso las que son de pago. En ese momento no supe qué hacer, me quedé completamente bloqueada», insistió. Fue detenida una semana después en las inmediaciones de la glorieta de San Lázaro. «Vi publicadas barbaridades sobre mi y no quería que mi familia creyera eso. Por eso llame a la policía y por el móvil me localizaron».

Pero esa supuesta entrega a la policía no fue tal según los agentes. «No recibimos ninguna llamada. Había un dispositivo para localizarla que apreció a una mujer vagando, tapada con ropas y con características similares a las de la que buscábamos», narró el jefe del dispositivo. Es más, dijo que cuando fueron a identificarla para cerciorarse de que se trataba de la persona que buscaban ella les dijo: «'Sí. Soy yo y sé que me estáis buscando'», declaró.

En ese dispositivo de búsqueda, los agentes descubrieron que la mujer podía estar prostituyéndose porque su teléfono aparecía en anuncios de contactos. Una de las vecinas que declaró, explicó que se escuchaba a veces el timbre y entraban hombres, pero nada más sobre esta sospecha se dijo en el juicio en el que faltaron algunos testigos que serán citados la próxima semana.

Quienes sí declararon fueron varios peritos que atendieron a las niñas tras los hechos. Todos coincidían en que presentaban síntomas compatibles con una carencia de afecto y una extrema delgadez, síntomas que eran más evidentes en la niña de 3 años. Su madre atribuyó esa situación a un diagnóstico de celiaquía, aunque no pudo acreditarlo. Al menos de momento, porque el juicio, que la defensa intentó suspender, seguirá la próxima semana.

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