El Comercio

Una gymkana cultural despertó a la ciudad

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Toño Velasco en plena creación de su Gran Familia a modo de autorretrato colectivo en el Edificio Histórico de la Universidad. / P. LORENZANA

  • Desde la iglesia a los museos pasando por el Campo de San Francisco a la plaza del Paraguas todos sumaron para disfrutar de una velada única

  • La Noche Blanca llenó las calles de Vetusta de actividades para todos los públicos

Decía Clarín en 'La Regenta' que la heroica ciudad dormía la siesta. Describía en su novela, que ayer fue protagonista de La Noche Blanca, una ciudad poco más que aburrida y monótona. Si Don Leopoldo anoche hubiese levantado la cabeza seguro que no hubiese reconocido la Vetusta que dejó escrita .

Para empezar no hubo más que atravesar las paredes de la iglesia de Santa María La Real de La Corte. Ayer fue la primera vez que esta parroquia se estrenaba en los menesteres de La Noche Blanca. El templo abrió sus puertas para ofrecer al público una visita guiada muy peculiar por el templo. Todos recorrieron la iglesia pero nadie se movió de los bancos. ¿Cómo fue posible? La magia de una voz en off, una iluminación artística, que dejaba algo más que desear, y eso sí, la contundencia de la música que ofreció el sonido del órgano. De este modo, los visitantes recorrieron la historia de este templo que fundó Alfonso II El Casto, no en el lugar que hoy ocupa sino en el vecino monasterio de San Pelayo.

Hasta allí se acercaron propios y extraños en un larga cola para acceder a los muros que guardan los secretos de las monjas de Las Pelayas. A las ocho y media de la noche ya habían pasado por sus puertas 450 personas. «Es muy buena cifra», apuntó Ignacio Portilla, colaborador del Monasterio e improvisado guía de este periódico.

Redescubrir el claustro de este convento a la luz de la noche da otra perspectiva. También lo hace los «tesoros» que guarda, por ejemplo un Calvario Románico en la pared que da acceso al claustro, o una Cruz de la Victoria en piedra del siglo IX o descubrir que la congregación de Las Pelayas es la única comunidad española de momjas que nunca se movió de su convento. «Es una opinión personal, pero estoy convencido de que es así», apostilló Portilla.

Los museos fueron uno de los grandes protagonistas de la noche. El de Bellas Artes le precedía una larga fila para acceder y poder escuchar música en directo o experimentar con un cuadro viviente, para más señas el 'Filandón en el Monasterio de Hermo', de Álvarez Catalá. Le dio vida y alma el grupo teatral Conceyu Tradicional Vezos Astures.

Otro museo, el Arqueológico, tomó la música por bandera en la noche ligera de sueño. Sonaba la flauta dulce cuando Carlos Sampedro, de 6 años dijo: «Me gusta más la batería». Aún así él y su hermano Antonio quedaron encantados en su particular 'noche en el museo'.

Es lo que tiene la magia de La Noche Blanca. La misma que convirtió la Rúa en una galería de arte callejera. El Proyecto Alcayata ayudó bastante a ello, como también lo hicieron los dibujos que los niños pintaron y colgaron de unas cuerdas ubicadas a ambos lado de la calle. También se portó el tiempo. Noche templada y ni una gota, a pesar de que se abrieron cientos de paraguas. En concreto, en la plaza del mismo nombre. El proyecto '5x5. Paraguas' de Nacho Martínez medio convenció a pesar de comenzar con retraso, bastante retraso. Los paraguas hicieron de pantalla sobre las que se proyectaron imágenes de los trabajos de 25 artistas de cinco disciplinas diferentes: fotografía, arquitectura, diseño, vídeo y música. «Estoy hecho una braga», acertó a decir el artífice de la instalación minutos antes de que la plaza del Paraguas se fuese a negro y la imagen iluminase la noche. Una noche en la que muchos descubrieron por primera vez la Calleja la Ciega, no el bar sino la calle. Un pasadizo que pasa desapercibido pero en el que hay mucha vida. La que le da la Asociación Les Cuestes que aprovechó La Noche Blanca para callejear entre el arte y la música.

Como la que ofreció Pablo Moro en el Edificio Histórico de la Universidad. Junto a él, Toño Velasco se afanó por crear un improvisado mural para crear su particular 'Gran Familia' a modo de retratos de la gente que se acercó hasta allí. Sin duda, una de las actividades que más gustó de la noche.

Todo esto cupo en una cajita. Las que proporcionó en la plaza del Ayuntamiento Brezo Rubín para que la gente guardase en ellas todas sus sensaciones. «Esto es una gymkana cultural maravillosa», se leía en uno de los mensajes que alguien guardó como su pedazo de Noche Blanca.