El Comercio

Cuervos de plástico para espantar palomas en Oviedo

El cuervo del San Gregorio, en la misma en la puerta.
El cuervo del San Gregorio, en la misma en la puerta. / MARIO ROJAS
  • La idea del colegio mayor San Gregorio la copió de una región alemana que sitúa a estos pájaros en las entradas de las panaderías y pastelerías

En la puerta principal del colegio mayor universitario San Gregorio un cuervo hace las veces de vigilante de seguridad. Sus ojos miran fijamente a todo aquel que accede al edificio. A todos deja pasar, no pone objeción alguna, pero tiene en su lista negra a las palomas.

En su lucha contra estos molestos visitantes no está solo. En la retaguardia del colegio mayor, por la entrada trasera de la cafetería, otro cuervo le ayuda en las tareas de vigilancia para evitar que las palomas lleguen al interior del San Gregorio.

Estos cuervos no son de carne y hueso sino de plástico. «Decidimos colocarlos ahí para evitar que las palomas entren al colegio. La presencia de los cuervos actúa como efecto disuasorio, las asusta», explica Ignacio del Río, director del colegio mayor.

Claro que las palomas no tienen ni una pluma de tontas y ya no cuela eso de que los cuervos ni graznen, ni vuelen, ni se muevan. «Al principio cuando los colocamos funcionaban muy bien. No entraba ni una, sin embargo ahora se han acostumbrado a su presencia. Sobre todo dos palomas en concreto, que ya parecen residentes del colegio», ríe.

Hay que cambiar de estrategia. Los cuervos que llegaron al San Gregorio en septiembre tienen los días contados para alcanzar la jubilación, los van a sustituir por búhos porque «esas aves son los depredadores naturales de las palomas. Compraremos un par, de esos que mueven la cabeza».

Esta iniciativa no es novedosa, al director del colegio mayor se la trasladó un profesor de la Universidad de Oviedo daba clases en Alemania. En Aquisgrán, una región al norte de Westfalia, todas las panaderías, pastelerías y cafeterías están custodiadas por cuervos ficticios para espantar a las palomas. «Nos dio la idea y nos pareció muy buena y efectiva», agradece Ignacio del Río.

El problema de la invasión de palomas no lo padece solo el San Gregorio, se extiende también a la facultad de Ingeniería Informática, que está a su lado. «Ellos lo tienen peor. Han instalado hasta un ahuyentador sonoro, que emite sonidos de aves depredadoras de palomas. Pero ya no les funciona. Las palomas se han acostumbrado a los graznidos ficticios y utilizan el aparato para posarse en él, como si nada».

El fin es evitar problemas de insalubridad, más cuando estas aves intentan campar a sus anchas por lugares donde se sirve comida, como es la cafetería del San Gregorio. «A veces nos dan hasta pena porque cuando hace frío se colocan a la entrada esperando a que las dejemos pasar», apunta el director del centro. La idea no es descabellada. El escudo del San Gregorio tiene como imagen una paloma sobre una rama. Quizá, estas palomas reincidentes son sus descendientes y reclaman acceder, de nuevo, a sus aposentos.

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