El Comercio

M. J. G. F a su llegada ayer a los juzgados de la ciudad.
M. J. G. F a su llegada ayer a los juzgados de la ciudad. / ALEX PIÑA

«En el Materno Infantil no habíamos visto a ningún niño así, el abandono no era de un día»

  • La madre acusada de abandonar a sus tres hijas en su vivienda de Pumarín reclama su absolución en el juicio

  • La educadora del centro describe las graves secuelas que padecían las niñas tras ser rescatadas

Por las manos del personal del Centro Materno Infantil de la ciudad pasan muchos niños con problemáticas muy diversas. Sus trabajadores están acostumbrados a afrontar situaciones muy diversas y nada fáciles, por eso las palabras de una de las coordinadoras del centro sobre las tres niñas supuestamente abandonadas por su madre en una vivienda de Pumarín en diciembre de 2014 llamaron ayer más aun la atención: «No habíamos visto nunca a ningún niño así», explicó la perito ante el magistrado titular del Juzgado de lo Penal número 4 en la segunda sesión de un juicio que ayer quedó visto para sentencia.

La educadora explicó cómo las tres menores, entre ellas un bebé que apenas sumaba el mes de vida, presentaban heridas en la zona del pañal, un eritema que era más grave en las dos niñas de más edad. «Tenían heridas en un extensa área, heridas de haber tenido un pañal húmero muchos días. No era de un solo día», insistió. Fue ese aspecto físico y extrema delgadez de las niñas lo que en un primer momento les llamó la atención, aunque pronto su comportamiento fue el motivo de sus preocupaciones.

La mayor, que todavía no había cumplido los 3 años, cuidaba en todo momento de su hermana de un año y medio. «Para comer teníamos que dejarlas solas. Si interveníamos directamente intentando ayudarlas dejaban de comer y se aislaban. Son reacciones típicas de niños que han pasado mucho tiempo solos, abandonados», insistió la trabajadora del Materno Infantil. A los pocos días de ingresar en el centro, y dada la débil salud con la que ingresó, la niña mayor tuvo que ser trasladada al hospital por la infección de un virus. Una cuidadora «tuvo que darle agua con una cucharilla para evitar que le pusieran una sonda nasogástrica», insistió.

Su balanceo con la mirada perdida en ninguna parte fue una de las cosas que más impresionó a los agentes de la Policía Nacional que rescataron a las menores ante la llamada de una vecina por el incesante lloro del bebé. «Es la imagen que hemos visto en algunos orfanatos de China y es un síntoma del abandono emocional y afectivo. Es un automatismo, son movimientos repetitivos de autoconfort», apoyó uno de los doctores que las atendió tras su ingreso en dependencias hospitalarias. Para ambos peritos que declararon ayer, ese abandono emocional era claro: «La mayor era altamente sensible al cambio de educadores. Si ocurría dejaba de comer».

Una celiaquía, no abandono

La versión que ha defendido la acusada habla de una ausencia puntual de la vivienda «para buscar comida» tras un incendio acontecido en la cocina de su casa el mismo día del rescate policial. Cuenta la procesada que había pasado una etapa complicada. En ese año 2014 habían diganosticado un cáncer mortal a su pareja que murió en seis meses, cuando ella estaba embarazada. Luego, la familia del difunto cortó la luz y el agua de la casa donde vivía por lo que unos días antes de la intervención policial se trasladó a una casa que su madre usaba como almacén. «Por eso dice la Policía que estaba todo desordenado, porque era el almacén de la abuela de las niñas», insistió la letrada defensora, quien también resaltó que solo la niña mayor presentaba una extrema delgadez. Traían una explicación para ello.

En la segunda sesión del juicio también declaró un doctor que había diagnosticado unos meses antes una celiaquía a la menor. Aseguró que los eritemas y la calvicie, además de la extrema delgadez, correspondían a una «indudable» celiaquía, aunque cuatro informes posteriores la descartan. «Más del 80% de los celiacos tienen anticuerpos negativos. Me puede poner 400 informes delante que con mis 20 años de experiencia seguiré afirmando que era un caso clarísimo de celiaquía». Fue, según el doctor, la abuela de las niñas quien la llevó a la consulta, algo que contradice la versión de la madre de la acusada. En la primera sesión del juicio aseguró que no conocía a su tres nietas y que ni siquiera sabía que su hija vivía en la ciudad: «Me decía que estaba en Portugal», aseguró.

El Ministerio Fiscal mantuvo su petición de tres años de prisión por un delito de abandono de menores, mientras la abogada del Menor del Principado elevó la pena a 21 años de cárcel. Reclamó que se juzgará independientemente tres delitos de abandono y otros tres por el maltrato que en su opinión sufrieron. La defensa reclamó la libre absolución. «Fue un abandono puntual».