El Comercio

El Ayuntamiento de Oviedo revisará su cartografía para recuperar la toponimia tradicional

Rubín o Ventanielles son ejemplos de nombres tradicionales que no está previsto revisar.
Rubín o Ventanielles son ejemplos de nombres tradicionales que no está previsto revisar. / MARIO ROJAS
  • Se completará la demarcación parroquial de Oviedo con los nombres tradicionales de cada pueblo «con 30 años de retraso»

La Monxina, Ventanielles, Pumarín o El Fontán siempre se han llamado así. Son sus nombres tradicionales, los que se usan sin ningún género de duda, pero en todo el concejo de Oviedo no pasa lo mismo, empezando por el nombre de la propia ciudad. Eso es lo que defiende el grupo de trabajo que desde el Ayuntamiento prepara los pasos para recuperar la toponimia tradicional de las parroquias del concejo, algo que llega a Oviedo «con 30 años de retraso respecto a otras comunidades autónomas».

La primera vez que se propuso en Asturias la recuperación de la toponimia tradicional fue en 1974, cuando se fundó la asociación Conceyu Bable. «Ya se reivindicaba en ese momento la recuperación de nombres reales de los pueblos para que fueran oficiales y se empezó entonces el trabajo», expresa Vítor Suárez, responsable de política lingüística de Izquierda Unida de Oviedo. Ese testigo fue tomado por la Academia de la Llingua Asturiana con la llegada de la autonomía en 1981, aunque no fue hasta el 85 cuando se constituyó la oficial Xunta de la Topinimia.

De nuevo se recogieron todos los nombres de los pueblos para posteriormente usarlos, relata Suárez, pero ese catálogo no tenía ninguna base legal para aplicarlo. Hubo alguna rotulación menor, pero «quedó en nada y así estuvo hasta 1998». En ese año se aprobó la Ley de Uso y Promoción del Asturiano que establece que los pueblos tendrán «la denominación oficial en su forma tradicional. Ese nombre tradicional es, en su mayoría, de origen asturiano, pero da igual su origen. Puede derivar de cualquier lengua. Lo que se persigue es que se recuperen los topónimos originales», subraya Suárez.

La Xunta tuvo que esperar de nuevo hasta 2002 cuando se estableció el procedimiento de recuperación y fijación de la toponimia. «Creaba de nuevo una Xunta Asesora y un proceso bastante farragoso. Lo que hizo fue ralentizar mucho el proceso porque los nombres estaban ya recogidos. Tenemos una necesidad imperiosa de recuperar esos nombres. Llevamos muchos años perdidos. Esto se creó en 2002, pero no se oficializó ningún topónimo hasta 2005. Bimenes fue el primer concejo en hacerlo», explica Suárez inmerso en el proceso iniciado por el Ayuntamiento de Oviedo.

Desde ese 2005, los concejos de mayor tamaño oficializaron las denominaciones tradicionales de pueblos y parroquias. Ahora mismo hay 53 decretos de toponimia establecidos y otros 17 concejos, entre ellos Oviedo, están en pleno procedimiento. «El concejo es el que tiene que iniciar el proceso no la consejería. Se hacen estudios de campo para conocer los nombres históricos de los lugares y se comprueban, grabadora en mano, con la gente del lugar. Puede haber pequeños errores que siempre se pueden corregir luego», garantiza.

En Oviedo, fue Gabino de Lorenzo quien solicitó los trámites para la recuperación de la toponimia tradicional, pero las malas relaciones con la Consejería de Cultura, a quien acusaba de imponer un cerco a Oviedo, rompieron todo el proceso allá por 2008.

El año pasado, miembros de los tres grupos del Gobierno local se reunieron para tratar asuntos lingüísticos, entre ellos el de la toponimia. Remitieron el estudio que tenían con los nombres originales para enmendar todos esos años de retraso, pero Cultura tenía algunas dudas, sobre todo con nombres de parroquias. Es por eso que el Ayuntamiento encargó un informe para solucionar esas dudas, un informe que está en marcha, aunque el Ayuntamiento ya planea otro estudio. «Se quiere hacer un proceso paralelo para tener un mapa de Oviedo completo», explica Suárez. «Tenemos pueblos o parroquias que no están donde dicen los mapas. Núcleos que aparecen delimitados en una zona en la que, en realidad, no hay una sola casa o nunca la hubo», expone el concejal de Urbanismo, Nacho Fernández del Páramo, sorprendido pr los fallos de la cartografía con la que trabaja el Ayuntamiento de manera habitual.

Lo que se pretende es revisar la cartografía para corregir errores en la demarcación parroquial y catalogar bien algunos núcleos de población con sus nombres tradicionales. «No puede ser», continua el edil, «que los límites de Pando o Latores estén mal fijados, nos crea problemas en el trabajo diario».

La proliferación de cartografías, inventarios y registros que maneja el Ayuntamiento se superponen para contribuir a la confusión. El estudio e inventario de caminos públicos se encargó a la Universidad, la cartografía -incluso la más reciente, con ortofotografías de gran precisión- a diversas consultoras externas, al igual que las diversas versiones del PGOU mientras que la demarcación de parroquias bebe de la división eclesiástica del arciprestazgo, de aquello de que uno es de donde le entierran.