El Comercio

Quintina Fernández deja escapar sus últimos cacahuetes.
Quintina Fernández deja escapar sus últimos cacahuetes. / ALEX PIÑA

El cacahuete carbayón se jubila

  • La propietaria del tradicional comercio ubicado en El Fontán ha traspasado el local «con mucha pena»

  • Casa Floro echa el cierre tras 45 años horneando su fruto seco por excelencia

Quintina Fernández no puede calcular, ni tan siquiera imaginar, cuántos kilos de cacahuetes han pasado por sus manos. A bote pronto, teniendo en cuenta que Casa Floro lleva más de cuarenta y cinco años surtiendo a propios y extraños de sus famosos frutos secos tostados, solo puede hacerse una idea aproximada. Ahora parará de contar: ningún carbayón, turista, curioso o apasionado por los frutos secos volverá a probar uno de sus cacahuetes.

El motivo no es ningún suceso dramático sino la jubilación de la propietaria. Claro que para ella un poco de drama sí que tiene: «Tengo sentimientos muy encontrados, entre ellos una pena muy grande porque ha sido toda una vida dedicada a este comercio».

Tenía veinte años cuando se hizo cargo de Casa Floro. «El comercio ya existía en Oviedo mucho antes de que lo cogiésemos nosotros. Pertenecía a Floro, que dio nombre a la tienda. Él ya vendía los cacahuetes y cuatro cosas más», explica la tendera.

De esas cuatro cosas supo hacer un negocio en auge. «Cambiamos el negocio y pasamos de ser una tienda de ultramarinos a vender todo tipo de especialidades». Pero de los cacahuetes no se desprendieron y del tostador tampoco. «El artilugio tiene más de cien años. Ya estaba cuando nos hicimos con la tienda». Tanto cariño le cogió que se jubilan a la vez: «Nunca se sabe si alguna vez puede hacer falta». Anécdotas e historias tiene para parar un tren, porque casi medio siglo detrás de un mostrador dan para mucho, para lo bueno y para lo malo.

De esto último destaca la «injusticia» que se hizo con el traslado del comercio desde su antigua ubicación, en la calle Fierro, a la actual en el mercado de El Fontán. «No cambiamos de lugar por gusto. Sufrimos un desalojo injusto». Es la espina que tiene clavada Quintina. La rosa la deja para su clientela: «Han sido el 70% del éxito de Casa Floro». Ya ha traspasado el local, que se gestionará con otra marca. Casa Floro se despide.