El Comercio

Unas de las escaleras de acceso a la losa de Renfe.
Unas de las escaleras de acceso a la losa de Renfe. / ALEX PIÑA

El Ayuntamiento gastó 66,8 millones de euros en Cinturón Verde desde 2003

  • El fracaso del plan de aparcamientos obligó al Consistorio a sostener a su cargo a la sociedad para no asumir su deuda

El viernes, Cinturón Verde de Oviedo S.A. aprobó su liquidación tras tres años de demora. Una anotación más en el Registro Mercantil y la empresa desaparecerá. En realidad, es mejor hablar de las empresas, en plural, porque Cinturón Verde, en realidad, son dos. Una, la creada en 1992 para eliminar la barrera ferroviaria; y la otra, la levantada por Gabino de Lorenzo como sociedad instrumental, tras la disolución de Gesuosa, a partir del año 2000. Esta última se ha comido, al menos, 66,8 millones de euros de recursos municipales desde 2003 a cambio de nada.

En realidad, Cinturón Verde de Oviedo nació de una protesta vecinal. En 1991, Feve pensaba desdoblar parte de sus vías en la ciudad para mejorar sus servicios. El proyecto habría echado de sus casas a cientos vecinos de Teatinos y consagrado la presencia del ferrocarril en el suelo urbano. La protesta de los vecinos y la cercanía de las elecciones llevaron al alcalde, Antonio Masip, a idear otra salida y acuñar un nombre, «cinturón verde». Así, todavía en minúsculas, porque la constitución de la sociedad anónima la firmó, en 1992, Gabino de Lorenzo, su primer presidente. En el accionariado entraron el Ayuntamiento, el Principado, el Ministerio de Fomento y Renfe y Feve. La primera idea, soterrar las vías, fue desechada por su elevado coste, pero se tardó poco en tomar una decisión. Siete años después, De Lorenzo hizo el último viaje en tren por la ciudad.

Para llegar hasta allí se optó por construir una variante de 18 kilómetros de longitud entre Trubia y Colloto, 5,5 de doble vía entre Colloto y la terminal ferroviaria, para los servicios de Feve, y financiar la operación con aprovechamientos urbanísticos. Los pisos que costearon las obras salieron de una modificación del PGOU aprobada en 1995 y en la que se liberaron actuaciones como Rodríguez Cabezas, parte de El Milán, El Vasco o Santo Domingo. Tantas, como para que los ecologistas hablen de un «cinturón de hormigón». Baste decir que las obras ejecutadas hasta el año 2000 supusieron en su día 17.000 millones de pesetas, casi 103 millones de euros. Descontada la subvención de la UE, de 8.000 millones de pesetas, la venta de los solares aportó 9.000 millones de pesetas, 54 millones largos de euros.

En marzo de 1999, los históricos puentes de hierro que salvaban varias calles -Postigo, Azcárraga, Martínez Vigil, Víctor Chávarri y General Elorza- comenzaron a ser desmontados. Mientras tanto, la obra más conocida de la empresa entraba en su recta final tras ser asombro de vecinos durante dieciséis meses. La losa de Renfe casi se podía pisar ya. Miles de ovetenses estrenaron el 24 de mayo de ese año, tres días antes de las elecciones, una estructura que necesitó 9.575 toneladas de acero y 30.000 metros cúbicos de hormigón para cubrir el tinglado ferroviario con un paseo de 700 metros de longitud y apoyado en 220 pilares de acero. La losa no estaba prevista en el proyecto inicial y para encajar sus 5.700 millones de pesetas (35 millones de euros) de coste hubo que modificar de nuevo el plan para obtener más aprovechamientos.

Quedaban obras pendientes y algunas lo siguen estando hoy día como el desdoblamiento de Nicolás Soria, pero el objetivo se dio por cumplido. Las empresas ferroviarias y el Estado abandonaron el accionariado de la sociedad.

Una idea ruinosa

Debió ser su final, pero De Lorenzo tenía otros planes. Había tenido que disolver, en medio de supuestas corruptelas y cohechos, Gesuosa, 'su' sociedad de gestión del suelo, y Cinturón Verde la reemplazó. El alcalde le encargó la promoción de once aparcamientos subterráneos para residentes con casi 6.800 plazas, pero nunca se hizo ni un solo estudio de demanda. Tres lustros después, el Ayuntamiento es propietario de más de 3.400 plazas de aparcamiento sin comprador y sin uso.

Lo que no podrá decir el PP es que desconocía los peligros del plan que, según dejó dicho De Lorenzo, pretendía «enterrar los coches». Con solo ocho de los once en marcha, la viceinterventora, Concepción Alegre, alertó en 2002 del «riesgo eventual» para las arcas municipales su escaso éxito comercial.

No era un riesgo, era una certeza. Cada contrato de obra incluía una cláusula por la que Cinturón Verde recompraba las plazas que las constructoras de los estacionamientos no hubiesen vendido el primer año. O lo que es lo mismo, las empresas no tenían ningún incentivo para que se vendieran las cocheras. Tan solo un año después de la advertencia de la funcionaria, el Ayuntamiento compró su participación a Feve y a Renfe y suscribió un acuerdo con Cinturón Verde, por el que respondería de los gastos financieros y del préstamo de 50 millones de euros que la sociedad tuvo que pedir para recomprar las plazas no vendidas.

Cinturón Verde solo consiguió vender plazas de garaje por 17 millones de euros. En 2013, cuando vencía el crédito, el Ayuntamiento tuvo que endeudarse en 33 millones de euros para saldar el préstamo de la sociedad por el que ya había pagado 16,2 millones de intereses. El nuevo crédito era casi usura, con un diferencial del 6%, habría supuesto 11,2 millones de euros más en intereres hasta 2019, por lo que el Ayuntamiento anticipó su amortización completa a cuenta de los remanentes de tesorería, a cuenta de no hacer nuevas inversiones. Aún así, generó otros 720.000 euros en intereses.

Pero esos dineros no son los únicos que se ha comido la sociedad. En 2005, Cinturón Verde entró en causa de disolución por sus pérdidas y el Ayuntamiento impulsó una ampliación de capital por 3,6 millones de euros, que suscribió íntegramente. Lo hizo aportando 350 plazas del aparcamiento de Ferreros.

Al Ayuntamiento no le interesaba la disolución, porque rebasaría el límite legal de endeudamiento. De Lorenzo mantuvo la sociedad con respiración asistida. Obligó a la contratista de la grúa a comprar una planta entera del aparcamiento de La Argañosa por 3,2 millones. La empresa, FCC, lo recupera a través del contrato de la limpieza y la recogida de basura; o lo que es lo mismo, paga la ciudad con servicios más caros. De nuevo, en 2006, el Ayuntamiento compró a Cinturón Verde una planta entera del parking del parque de Invierno, otras 321 cocheras, por 2,5 millones de euros, y luego la cedió a la empresa que explota el Palacio de los Niños. Y un año antes, colocó a Renfe una planta de Rodríguez Cabezas por 2 millones. Claro que los problemas de Rodríguez Cabezas son otros, el Ayuntamiento tramitó las expropiaciones en favor de Cinturón Verde con la misma diligencia y eficacia que en el caso de Villa Magdalena. Las sentencias de las retasaciones de las fincas, que se conocieron el mes pasado, suman, de momento, cinco millones de euros.

De hecho, el Ayuntamiento acabó por asumir de forma directa partes de las obras de los aparcamientos como la urbanización de los espacios públicos sobre varios de ellos. Los parques sobre los de El Fresno, la plaza de Castilla, Vallobín y La Argañosa costaron 5,4 millones.

No quedaron muy allá. El Ayuntamiento lleva gastado otro millón de euros en arreglar las humedades y filtraciones de estas cubiertas. También hay goteras en la losa y en viaducto Marquina. Total, y descontados los ingresos por las ventas de plazas, más de 66,8 millones de euros. Todo a cambio de 3.300 plazas de aparcamiento, que se venden a un ritmo de 11 al año. Nos quedan tres siglos.