El Comercio

«Sería imposible no venir»

Los accesos al cementerio ocupados por vehículos y buses.
Los accesos al cementerio ocupados por vehículos y buses. / ALEX PIÑA
  • Los accesos y el aparcamiento del cementerio se vieron desbordados por la afluencia de visitantes durante la jornada

  • La festividad de Todos los Santos llena San Salvador

El colorido y el continuo tránsito llenaron ayer el cementerio de San Salvador. No es ninguna paradoja si se tiene en cuenta el volumen de automóviles que ascendían por la carretera de San Esteban de las Cruces y que colapsaron el aparcamiento del camposanto. «Menos mal que vine en bus», suspiró Carmen Rodríguez. Ella fue una de los muchos usuarios que utilizaron el servicio especial que puso en marcha el Ayuntamiento para la festividad de Todos los Santos. «Desde las diez de la mañana que comenzamos esto no ha parado», confirmó uno de los chóferes.

A las puertas de San Salvador las previsiones del conductor se cumplieron con creces. «Imposible cuantificar cuánta gente ha pasado por aquí», comentaron desde las propias oficinas del cementerio. Albina Menéndez fue una de ellas. Lleva visitando a su esposo fallecido desde hace treinta años: «Vengo cada quince días no solo en la fiesta de los difuntos. Sería imposible no venir», aseguró ante una lápida inmaculada. «La limpio siempre que vengo porque tengo que tenerla tan limpia como mi casa», afirmó.

Cerca de las inmediaciones de la capilla, Manuela Andrade se apuraba para recoger una de las botellas de agua dispuestas para mantener frescas las flores de las lápidas. «¿Son gratis?», preguntó. «Solo faltaba, con lo que tenemos que pagar los propietarios de las tumbas por su mantenimiento como para que nos las cobren», reflexionó un poco más tarde. Explicó que por dos sepulturas paga al año 42 euros.

La fosa común del cementerio fue otro de los lugares más visitados. Allí, Ricardo Fernández Sánchez se afanaba en plantar un ramo en la tierra bajo la que descansan los restos de su abuelo. «Lo fusilaron en abril de 1938 por una farsa. Le delataron por haber participado en la revolución del 34. Mi padre tenía quince meses. Me pusieron su mismo nombre», explicó.