El Comercio

Un momento de la asamblea de SOS Cultura en Villa Magdalena.
Un momento de la asamblea de SOS Cultura en Villa Magdalena. / M. R.

La asamblea que comenzó hace cinco años

  • El colectivo SOS Cultura se reúne en Villa Magdalena para exigir una renovación de modelo cultural

  • Los asistentes reconocen que todo sigue igual, aunque quien ahora es concejal del área participara en el pasado de sus reuniones y protestas

Están en el mismo punto que hace cinco años. Las demandas para que la ciudad dé la cara al arte contemporáneo, para que dote de espacios culturales las calles, para que cuente con la gente y no entorpezca las iniciativas espontáneas, por citar algunas de la larga lista, son las mismas. Tan iguales que el documento que ayer manejaban los miembros del colectivo SOS Cultura, un decálogo con el que empezar a trabajar y presionar al Ayuntamiento, es el mismo que hace cinco años: «Es así de triste. Una vergüenza», reconocían.

Sobre todo porque uno de aquellos que participaba en algunas reuniones y asistía en primera línea a las movilizaciones es ahora el edil de Cultura, Roberto Sánchez Ramos. «Estamos en la misma casilla de salida, pero esa persona está ahora ahí y hay que recordárselo», insistieron. Unos son más partidarios de hacer, de promocionar iniciativas en una especie de revolución cultural para luego exigir apoyos; mientras otros quieren una base teórica sólida de la que partir. Aunque todos confluyen en el mismo camino: lograr una ciudad que deje atrás el 'gabinismo', ese modelo de ciudad con fama de rancia y aburrida, «donde, a pesar de todo, el arte contemporáneo subsistió. Fue el más puro underground».

Eran las de ayer, en esa nueva asamblea del colectivo, las mismas reflexiones que hace años, aunque de aquella sabían a lo que se enfrentaban. Ahora ni eso. El edil les anima a proponer, les dice que tiene los brazos abiertos a sus ideas, pero ellos no conocen la base. «Tienen que decirnos cuál es su plan de ciudad, su modelo de ciudad. El gobierno tiene que hacer su trabajo», insistieron. No saben, reconocieron ayer en la asamblea, cuál es el proyecto cultural para Oviedo, si es que hay alguno. «De momento lo que tenemos es más de lo mismo. Lo mismo que con Gabino de Lorenzo», reprochaban.

Como punto de partida para impulsar un cambio que llegue a buen puerto han establecido ese decálogo que habla de cine en la ciudad, de participación ciudadana, de teatro y danza, de las fábricas de Gas y La Vega y de menos ayudas para las grandes fundaciones «que no las necesitan». Viejas reivindicaciones, aunque la de ayer, subrayaron, no era una asamblea cualquiera. El escenario, el recibidor de Villa Magdalena, mostraba varios prismas: la pérdida de espacios con posibilidades, el proyecto de ciudad que representa ese palacete y la deuda que esconde y condiciona todo cambio en Oviedo.