El Comercio

Dibujando árboles en Oviedo

Juan Carlos Menéndez, jefe de servicio de Parques y Jardines, en el Campo de San Francisco, donde tiene su privilegiado despacho.
Juan Carlos Menéndez, jefe de servicio de Parques y Jardines, en el Campo de San Francisco, donde tiene su privilegiado despacho. / MARIO ROJAS
  • La función de los ejemplares que 'decoran' las calles no es dar sombra ni absorber la contaminación, es meramente estética

Redondas, piramidales o cilíndricas. Las copas de los árboles están dibujadas con diferentes formas en Oviedo, atrayendo la vista de ovetenses y visitantes. Un museo natural al aire libre que no es fruto de la casualidad. Dependiendo del tipo de vía en que se encuentren los árboles, la «poda es diferente», explica el jefe de servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Oviedo, Juan Carlos Menéndez. Su despacho está situado en un lugar privilegiado: el palomar del Campo de San Francisco. Desde su ventana ve cada día, en esta época del año, a los operarios retirar las hojas que caen de los árboles o cortar el césped.

Dos cuadrillas se encargan cada dos años de la poda, retiran las ramas superfluas, pero no de una forma aleatoria: «Por el otoño actuamos en los de hoja caduca y en verano en el resto». Los árboles de Oviedo, como en otras ciudades del Norte de España, «tienen una función básicamente estética. No se plantan para dar sombra durante el verano, ni para absorber la contaminación». Su función es «crear buen ambiente y dar una mejor sensación de calidad de vida», destaca.

Los chopos son el número 1 en arbustos. «Crecen muy rápido», pero al mismo tiempo «son poco longevos. Cuando cumplen setenta u ochenta años de vida se tienen que tirar». «Se les puede reducir peso, pero queda muy mal». En segundo lugar de importancia están los arces, que marcan la primavera con todo su esplendor, seguidos de los brunos y los tilos.

La decisión más difícil para el servicio de Parques y Jardines es ordenar las talas. En cada caso, Menéndez analiza primero si el árbol en cuestión supone «un riesgo o un peligro». Cuando hay un indicio de que «a corto plazo se desprenda», siempre actúan de antemano, a pesar de, en muchas ocasiones, las reticencias de los vecinos. También evalúa si se va a producir «un efecto diana», es decir si un árbol está inclinado encima de «una zona de juegos infantiles», porque los riesgos de su caída pueden ser muy graves.

A pesar de ello, existen varios ejemplares ladeados en zonas concurridas, como el Campo de San Francisco. Uno de sus plátanos está muy inclinado, pero Menéndez lo tiene controlado muy de cerca: el tronco se ha adaptado y se ha reforzado. Otro árbol se encuentra sujetado por seis piedras, muy cerca del estanque de los patos.

Con todas estas precauciones, el Campo se seguirá cerrando los días de ventolera y de previsión de mal tiempo para evitar la caída de ramas y males mayores. Sin embargo, el resto del año, los ovetenses pueden admirar cada ejemplar de la ciudad con todo su esplendor y sus diferentes formas. Cuestión de estética.