El Comercio

Los 300 metros de la muralla que sobreviven en Paraíso lo hacen a duras penas, entre el descuido.
Los 300 metros de la muralla que sobreviven en Paraíso lo hacen a duras penas, entre el descuido. / M. R.

El proyecto para rehabilitar la muralla propone recuperar el camino superior de ronda

  • El estudio estará listo a finales de año y sugiere que la calle Paraíso sea peatonal y que se incentiven comercios en la zona con ventajas fiscales

La muralla medieval de la ciudad, más bien lo poco que queda de ella, está muy lejos de lo que fue en el pasado. Era, tras su construcción en el siglo XIII, símbolo de prestigio. Era la frontera que marcaba esa honra de pertenecer al Oviedo intramuros. Era la delimitación física de la propia ciudad, la que separaba burgueses de campesinos. Pero esa separación del Oviedo más puro sobrevive amputada en un olvido físico, social e histórico, un maltrato que tiene una oportunidad de enmienda: un proyecto que estará listo a finales de año aborda su rehabilitación integral y propone recuperar el paso superior de ronda sobre la muralla.

El pasado septiembre, el Ayuntamiento licitó un contrato menor para la limpieza del tramo de la muralla de la calle Paraíso, que todavía permite hacerse una idea de lo que era fortificación de la ciudad. Esos 300 metros de muralla con 8 metros de altura sobreviven entre la maleza. Un simple paseo por la zona da prueba de ello. El proyecto, adjudicado al arquitecto José Ramón Fernández Molina, estará listo para finales de año y presenta una propuesta ambiciosa que va mucho más allá de una simple limpieza.

«La muralla está abandonada a su suerte porque nadie la mantiene. Si hubiera labores de mantenimiento anuales sería más barato. Hay que hacer de la necesidad virtud y aprovechar este momento», valora el arquitecto. No solo desde el punto de vista físico, limpiando también los paramentos pétreos del monumento, sino poniendo en valor la fortificación, declarada Monumento Nacional en 1931. Es una propuesta que abarca la recuperación cultural y patrimonial.

El único tramo continuo de la muralla que queda «es suficientemente significativo», defiende Molina. Cobra además especial relevancia por el ámbito en el que se inserta, entre la fábrica de gas y el Oviedo Antiguo. «La puesta en valor del monumento requiere establecer un entorno de protección que es este caso se materializaría en el hecho de poder acceder físicamente al monumento», reflexiona Molina.

La muralla tenía un paseo de ronda que fue ocupado poco a poco por las propiedades colindantes. Existen referencias incluso del siglo XV, donde el convento de San Vicente pide que se le libere de la servidumbre de paso por detrás de la muralla. Molina ha consultado a varios letrados esa fundación real del siglo XI, donde se establece un decreto real para darle fuero a la ciudad. «La muralla es sobre todo una delimitación fiscal. Eso no ha cambiado, sigue ahí y teóricamente eso es público porque el Ayuntamiento es el heredero del Consistorio en aquella época», relata el arquitecto.

El proyecto que el Gobierno local ejecutará previsiblemente el próximo año, sugiere que allí donde sea posible se recupere ese camino superior de ronda para que la gente pueda acceder físicamente al monumento. «Hay que pensar en conectarlo desde el casco histórico e incluso desde la fábrica de gas para que la gente pueda acercarse al monumento y experimentar como se veía la ciudad extramuros». El redactor del proyecto, que lidera un equipo multidisciplinar, con expertos en otras materias no quiere dejar la oportunidad para «aproximar la muralla al conocimiento general y, sobre todo, aprovechar para concitar una recuperación cultural» que necesariamente incluye el entorno. Empezando por la calle Paraíso.

Una calle peatonal

La calle Paraíso es ante todo una calle de coches. La vía solo dispone de una pequeña acera poco transitada. Bien distinto sería la perspectiva de esa calle y del monumento si los coches no pasaran por allí, si fuera una calle peatonal que recorrer sin prisas ni miedos. «El proyecto explora también estas cuestiones. Me dan un objeto para que lo cuide y si cada diez años hay que actuar sobre el monumento porque los coches los dañan, lo mejor es quitar los coches de la calle. Es una agresión fortísima», recomienda Molina, esperanzado en que a medio plazo Paraíso sea una calle peatonal o semipeatonal.

La percepción del monumento mejoraría, pero no se le escapa al arquitecto que la supresión del tráfico podría suponer cierta marginalidad. Por ello ha pensado en una actuación urbanística para compensar ese efecto negativo. Por ejemplo con estímulos fiscales para comercios y con un área de rehabilitación integrada para potenciar esos locales, que «ya de forma espontánea están surgiendo en la calle. La administración pública debe reforzarlo», sostiene.

En todo ese plan para la muralla no puede obviarse el futuro de la fábrica de gas, que sería una «gran locomotora y haría cuajar toda esa centralidad cultural y social». Por ello Molina rescata un viejo proyecto de Francisco Pol para colocar un ascensor desde la fábrica que con una pasarela elevada llevara prácticamente hasta el Museo Arqueológico. Tendría así la muralla una nueva puerta acorde a los tiempos actuales: la puerta del gas.