El Comercio

Una escalera insalvable hacia la libertad

María Josefa García bajando las escaleras, ayudada por Carlos Gutiérrez, ante la mirada de unos vecinos.
María Josefa García bajando las escaleras, ayudada por Carlos Gutiérrez, ante la mirada de unos vecinos. / MARIO ROJAS
  • El Ayuntamiento no tiene previsto construir una rampa que facilite salvar las escaleras de la vía del Campillín, como piden los vecinos

  • María Josefa García necesita ayuda diaria para salvar una barrera arquitectónica en la calle Concepción

Todos los días desde abril del año pasado, tras sufrir una hemorragia cerebral, María Josefa García, de 62 años y paralizada del lado izquierdo, necesita salir de su casa, en la calle Concepción número 2, para acudir a rehabilitación. Y todos los días se encuentra con la misma dificultad: una escalera sin rampa que es incapaz de salvar sin ayuda de otra persona.

Son 30 escalones, 15 para bajar y otros 15 luego para subir, con 3 descansillos. Carlos Gutiérrez, el portero del edificio, los conoce bien: él es quien, por su cuenta y riesgo, contribuye a que María Josefa pueda salir a la calle todos los días y acudir a la clínica de rehabilitación de 9 a 13.30 como le ha prescrito el médico.

«Muchos días por la tarde que hace bueno también pasean por ahí», cuenta el trabajador. «El problema es el peso de la señora, hay que hacer fuerza para retener la silla. Entre la cuidadora y una hermana se pusieron a bajarla una vez y no podían», explica.

No es la primera vez que Gutiérrez contribuye altruistamente al bienestar de sus vecinos: «Tuve otra gente, pero de andar así a diario, nunca. El padre bajaba andando casi hasta el final, agarrado a una barandilla. Mi mujer cuidó a los padres y me da pena de ella, soy el portero y lo hago porque estoy aquí».

La hermana de María Josefa, Gertrudis, se queja de una accesibilidad «deficiente». «Tiene que ir necesariamente a rehabilitación, no podría hacerlo si el portero no le ayudase. Es una situación complicada que nos tiene angustiados, por la integridad física de ella y la de Carlos», lamenta.

Gertrudis explica que pidieron una solución a través de la comunidad de vecinos, para que el Ayuntamiento les facilitase una rampa. Recibió una carta del asesor jurídico del área de Infraestructuras, acompañada de un informe técnico, en la que afirmaban lo siguiente: «Sin entrar a valorar el elevado coste de la obra, supondría la ocupación de suelo público» en la propia finca afectada de la calle Concepción y en los edificios 6 a 10 de la calle Arzobispo Guisasola. Dicha misiva fue recibida el 23 de abril del año pasado en repuesta a un escrito enviado diez días antes al Consistorio. «Desde entonces ya nunca supimos nada más», indica la mujer.

Fuentes municipales aseguraron a este periódico que el caso de la rampa de la calle Concepción se encuentra en estudio. La complicación de la obra radica, de acuerdo con Gertrudis, conllevaría expropiaciones y el permiso de los correspondientes propietarios, que podrían no ser favorables a ceder terreno al proyecto de la rampa. Además, tampoco está claro si la calle, con los jardines que bordean la escalera, es propiedad de los vecinos o del Ayuntamiento, que abrió un expediente de investigación al respecto.