El Comercio

Un medallero de la ciudad con ausencias

El altar en memoria del bombero Eloy Palacio en la estatua de Sabino Fernández Campo, ambos Medalla de Oro de Oviedo.
El altar en memoria del bombero Eloy Palacio en la estatua de Sabino Fernández Campo, ambos Medalla de Oro de Oviedo. / PIÑA
  • Solo una decena figuran entre el casi centenar de reconocimientos, una tendencia que la actual Corporación quiere cambiar

  • La Corporación quiere corregir el 'olvido' entre los honores municipales de los reconocimientos a mujeres

Tras la entrega en 1964 a Francisco Franco de la primera Medalla de Oro de Oviedo, retirada hace unos días-junto a las distinciones a Antonio Aranda, Juan Yagüe, Gerardo Caballero, Federico García Sanchiz y José Daniel Lacalle, en cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica-, las sucesivas corporaciones municipales tardaron un cuarto de siglo en distinguir en la misma categoría a una mujer. La primera fue Aurora Puente Uría, destacada militante comunista y concejala del PSOE que murió tal día como mañana en1989, a los 37 años. Y tras esta 'excepción', ninguna otra ha ostentado la máxima distinción de forma individual. Solo han recogido después este metal, pero en grupo, las monjas de la Comunidad Benedictina del Real Monasterio de San Pelayo en 2007. De las veintitrés medallas de oro entregadas por Oviedo, las restantes se reparten entre hombres e instituciones.

Oviedo se ha 'olvidado' con frecuencia de ellas, una tendencia a la que la actual Corporación quiere dar un giro. La seleccionadora nacional de fútbol y policia local María Antonia Is se convirtió a finales de octubre en la primera Medalla de Bronce, pero no suele ser habitual que haya mujeres pioneras . Ocurre algo parecido en el callejero, con menos de una docena de calles dedicadas a las féminas frente a los dos centenares con nombre masculino.

De los catorce reconocimientos de plata, estrenados con Santos Muñoz Díez en 1976, solo hay otras cuatro féminas: Anita Rodríguez González (1980), Carmen Menéndez de Luarca (1981), Palmira Villa González del Río (1982) y Lourdes Verdes (1987). Entre los veintidós hijos predilectos, solo figuran Dolores Medio (en 1987) y doña Letizia Ortiz Rocasolano (2003). Veneranda Manzano (1989) y Patricia Urquiola (2010) son las únicas hijas adoptivas entre los treinta y cuatro de la ciudad. No hay alcaldesas y ni concejales honorarias. En total, de las 98 condecoraciones, solo hay diez mujeres a título individual.

Ricardo Fernández es el concejal que promovió la retirada del medallón a Franco en la plaza de España y un gran defensor de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Lamenta que en el caso de las medallas y otro tipo de reconocimentos la presencia de mujeres «es mínima, reflejo en cierta manera de cómo ha sido la sociedad». «Lo que podemos es corregir esta situación hacia el futuro», apuesta.

«La historia de las mujeres ha sido invisibilizada siempre, en el mundo político, cultural», reivindica la vicealcaldesa, Ana Taboada. La portavoz de Somos es más proclive a perpetuar esa memoria en el callejero. Menciona a Eloína Suárez, la que fuera alcaldesa, la científica Margarita Salas, María Zambrano o Marie Curie, «porque todas han dejado un legado importante», entre sus propuestas para rebautizar vías. «Ya es difícil en estos tiempos encontrar reconocimientos a las mujeres, imagínate hace años», añade la portavoz de IU Cristina Pontón.

Desde la oposición, la concejala popular Elisa Fernández destaca que hay «brillantes y excelentes mujeres» que «siguen quedando en el olvido». Entre ellas menciona a Carmen Ruiz-Tilve, Dolores Medio o Veneranda Manzano. Y reprocha que el actual gobierno «presenta una propuesta con poco arraigo y raíces oveteneses, pero sí cargada de ideología», en relación a los apuntados para cumplir la Ley de Memoria Histórica.

Ciudadanos fue precisamente el partido que impulsó la Medalla de Bronce. «Dar visibilidad desde las instituciones a estas mujeres es esencial para cambiar la sociedad y combatir la desigualdad», dice su portavoz, Luis Pacho. Queda, coinciden todos, mucho camino por recorrer.