El Comercio

La mejora de las depuradoras de San Claudio y Villaperi reduce los sólidos a la mitad

Una imagen de la depuradora de Villaperi, la mayor de Asturias.
Una imagen de la depuradora de Villaperi, la mayor de Asturias. / MARIO ROJAS
  • Tras la ampliación, la primera elimina un 50% más de residuos que antes y Villaperi, con su nuevo tratamiento terciario, un 80% más

Es casi seguro que las primeras redes de alcantarillado de Asturias vertían sus aguas fecales a la cuenca del río Nora. Sean estas las romanas de Lucus Asturum, las del conjunto descubierto en las obras del Museo de Bellas Artes o de otros asentamientos, como los excavados en Las Regueras, los asturianos llevamos casi 2.000 años echando cada vez más porquería a un río especialmente sensible por depender exclusivamente del régimen pluvial. Hasta este verano. La entrada en servicio de las ampliaciones de las depuradoras de San Claudio y Villaperi ha supuesto una importantísima mejora de la calidad del vertido. Solo en la eliminación de los sólidos en suspensión, la primera ha experimentado una mejora del 50%. En Villaperi, las partículas se han reducido en un 80%, con la construcción de un nuevo tratamiento terciario de microfiltrado.

Según los datos facilitados por Acuaes (Aguas de las Cuencas de España), la millonaria inversión ha cumplido sus objetivos. La sociedad dependiente del Ministerio de Medio Ambiente contrató las obras de ampliación de ambas plantas que incluye, además, un periodo de explotación por parte de las adjudicatarias. Con una diferencia de dos meses -Villaperi, en junio, y San Claudio, en agosto- entraron en explotación. Desde entonces, el Nora lo agradece. La seca del verano y la primera mitad del otoño dejó el caudal del río bajo mínimos, con menos de 1 metro cúbico por segundo. En ese escenario, las depuradoras de Villaperi y San Claudio 'aportan' casi tanto o más caudal que el que trae el propio río, una media de 1,3 metros cúbicos por segundo, que procede del Alto Nalón (Cadasa) o del sistema de abastecimiento de Oviedo (canal del Aramo) en una especie de trasvase en sucio.

Mejores parámetros

Aunque sobre esta cuenca vierten casi un tercio de los asturianos y miles de empresas, la capacidad de depuración era claramente insuficiente. En San Claudio se aliviaba sin ningún tratamiento el 22% del caudal que se recibía; en Villaperi, apenas 2 metros cúbicos por segundo recibían un tratamiento completo y el resto apenas un primario, un tamizado, desengrasado y desarenado en el de tormentas. La última tiene capacidad ahora para tratar casi el doble -el caudal máximo en tiempo seco- y casi 5 metros cúbicos por segundo extra para picos de entrada causador por tormentas y o lluvias intensas. El Nora se ha librado de una buena este verano.

La mejora de la calidad del vertido es un adelanto de la que se verá en los próximos años de la del medio. En 1982, cuatro técnicos de la entonces Confederación Hidrográfica del Norte firmaron la necrológica del cauce con un estudio comparativo de la calidad del agua entre el Nora y el Piloña. «Sólo unas pocas cabeceras del río y en primavera, presentaban concentraciones altas de oxígeno disuelto y una fauna béntica diversa», concluyeron. Desde entonces se ha avanzado mucho. La construcción de las dos plantas supuso un avance, como también la extensión de la red de colectores, aunque aún hay autorizados 82 puntos de vertido. La mayor parte industriales, desde la Central Lechera al Ministerio de Defensa, pasando por el pozo minero de Pumarabule. Otros no están autorizados pero suponen un reto, como el Hospital Central que sigue sin licencia, pero funcionar, funciona y verter, vierte.

Si tira de la cisterna no notará nada. Ningún cambio, pero el Estado se ha gastado 93 millones de euros en Oviedo para poner fin a un problema medioambiental de los gordos, de los que exponen a una multa de la UE, que, en realidad, es la que ha pagado la mayor parte de la factura.