El Comercio

Perros que hacen Justicia

Amelia Suárez y Cala, ayer en el Colegio de Abogados de Oviedo.
Amelia Suárez y Cala, ayer en el Colegio de Abogados de Oviedo. / MARIO ROJAS
  • El colectivo TEA de terapia con labradores trata de lograr un proyecto en los juzgados

  • Defiende el acompañamiento de los animales durante juicios e instrucción, tanto en el ámbito penal como civil

Cala es una perra labrador de diez años. Llegó a la asociación TEA de tratamiento con perros de su raza cuando tenía cuatro años y mostró unas habilidades sociales inmejorables. Ayer, mientras Amelia Suárez describía ante letrados del Colegio de Abogados de Oviedo su nuevo proyecto para llegar a la Administración de Justicia, ella se dedicaba a saludar a todo quisqui. Es su trabajo: «Cala está siempre atenta a todo el mundo», explicaba su acompañante.

Si hay suerte y todo sale como espera el colectivo, dentro de poco Cala saludará en los pasillos de los juzgados. No es tan raro. En veinticinco estados de Estados Unidos se aplica desde 2003 la terapia con perros en los procesos judiciales. Países como Argentina o Chile son otros de los precursores y no tan lejos, en Madrid, la Consejería de Justicia desarrolla desde 2014 un proyecto similar al que quieren implantar en Asturias.

Desde TEA son optimistas con la iniciativa que, dicen, tiene resultados muy positivos. «Se realizan mediciones, siempre con el consentimiento de las personas que participan en el proyecto, sobre la frecuencia cardiaca y el ritmo de respiración y la gente está mucho más calmada. Ir con un buen amigo, siempre tranquiliza», explica Suárez.

La intención del colectivo es que las personas que lo deseen, en aquellos casos que sean apropiados, puedan contar con el acompañamiento de uno de sus perros, tanto en el proceso de instrucción como el día del juicio. TEA suma una decena de animales formados, al igual que los instructores, para realizar una terapia que hasta el momento se ha realizado con mayores y con niños. «Hay ancianos con alzhéimer que no se relacionan con nadie y, de repente, llega un perro y todo cambia. He visto a terapeutas llorar ante esta realidad», confiesa Suárez. Los perros les miran y les hacen sentirse especiales, con un cariño y un mimo que muchos echan en falta al cruzar la puerta de los juzgados.