El Comercio

El juez condena a tres años de cárcel a la acusada de abandonar a sus tres hijas

María Josefa F. G. tras una de las sesiones del juicio por el abandono de las tres niñas.
María Josefa F. G. tras una de las sesiones del juicio por el abandono de las tres niñas. / MARIO ROJAS
  • El magistrado titular de lo Penal número 4 considera que la versión de la procesada, que alegó un abandono puntual, tiene un «crédito nulo»

Para el magistrado titular del Juzgado de lo Penal número 4, la versión de María Josefa F. G., acusada por abandonar a sus tres hijas -ninguna llegaba a los tres años y una de ellas era un bebé de apenas un mes de vida-, tiene un «crédito nulo». Si su versión, que hablaba de un abandono puntual, una ausencia momentánea de la vivienda de Pumarín para ir a comprar comida a una farmacia, fuera cierta habría aportado un justificante de la compra o hubiera identificado al dependiente que la atendió. Pero nada durante el juicio, sin contar con el testimonio de la mujer, fue en esa dirección. Todo apuntaba a lo contrario, a un abandono de las niñas que venía de largo y por el que la mujer ha sido condenada, tal y como solicitaba el Ministerio Fiscal, a tres años de prisión.

Durante el juicio celebrado el pasado octubre, los agentes de la Policía Nacional encargados de intervenir en el rescate de las menores, alertados por un vecino ante el sollozo incesante del bebé, aseguraron no haber visto nada igual a lo largo de su trayectoria profesional. Describieron la escena como «una casa de los horrores». Lo que vieron, que merecen plena verosimilitud según el juez, fue una casa llena de basura y tres pequeñas completamente descuidadas. Nada más entrar en el portal, sobre la 01.30 horas de la noche del 18 al 19 de diciembre de 2014, escucharon el llanto del bebé, pero nadie respondía a la puerta. Por indicación de un residente, lograron entrar a la vivienda por un patio de luces. Se encontraron con el bebé aterido de frío tendido sobre la cama sin protección alguna y a los dos niñas, de uno y dos años, en el salón, vestidas solo con una camiseta. Jugaban con latas de cerveza «como si fueran un biberón» y se comunicaban entre ellas «con gruñidos. Era muy raro». Aunque lo que más impactó a los policías fue el comportamiento de la niña mayor: «Se balanceaba adelante y atrás, golpeándose con el sillón donde estaba sentada. Tenía calvas en la cabeza y la mirada perdida. No tuvo ninguna reacción cuando llegamos. Ni sorpresa ni miedo. No nos miró», describieron los agentes.

Estos síntomas de un supuesto abandono que iba más allá de unas pocas horas fue lo que también consideraron los médicos, peritos y educadores que atendieron a las pequeñas tras el rescate policial. «La abundante prueba documental y testifical acredita el calamitoso estado físico y mental de las niñas mayores», señala el fallo judicial.

La procesada intentó demostrar en el juicio que el estado de la mayor, la que peor se encontraba con un extrema delgadez y calvicie se debía a una celiaquía diagnosticada un año antes. «Aunque fuera por una celiaquía la situación sería la misma: la niña presentaba una desnutrición exclusivamente imputable a la omisión de cuidados de la procesada».

El juez rechaza que pueda aplicarse una pena por tres delitos de abandono, así como por lesiones y maltrato habitual, como pedía la acusación particular a cargo de la Abogada del Menor del Principado, y también condena a la mujer a ocho años de inhabilitación para el ejercicio de la patria potestad.