El Comercio

Un Campo siempre en cambio

El Campo San Francisco desde lo alto del edificio bancario de la plaza de la Escandalera.
El Campo San Francisco desde lo alto del edificio bancario de la plaza de la Escandalera. / MARIO ROJAS
  • La arboleda ha ido modificando su fisonomía con muchos proyectos que llegaron a buen puerto; otros se quedaron a las puertas

Hay gente que piensa que los terrenos del Campo de San Francisco son los vestigios de las huertas del convento de esa orden que se erigía donde ahora se ubica la Junta General del Principado. Aunque lo cierto es que los documentos que se conservan de la ciudad lo colocan siempre como unos terrenos públicos de disfrute comunal.

Era hace años mucho más amplio de lo que es ahora el parque, reducido ya a una arboleda que el Ayuntamiento quiere rescatar de la muralla de tráfico que lo rodea. El prediagnóstico elaborado por el Colegio de Arquitectos señala algunos puntos de conflicto sobre los que ahora debatirá la ciudadanía: peatonalizaciones del entorno, cambio de los pasos de cebra... Pero no ha habido proyecto que afectara al Campo, a ese Campo de los Hombres Buenos, como se llamó hasta el siglo XVI, que no tuviera en alerta a la ciudadanía.

En el Campo se construyó una cárcel de mujeres, se edificó el Palacio del Marqués de Valdecarzana (1707), que se convirtió en cuartel militar, y se instaló el Hospicio Provincial en 1752. No fue hasta la llegada del siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal y el ensanche urbano, cuando comienza la delimitación definitiva del Campo de San Francisco, que también acumula un buen número de proyectos frustrados.

Pabellón para el Bombé

El kiosco del Paseo del Bombé, erigido según un diseño de Juan Miguel de la Guardia de 1888 y cuya reparación está actualmente paralizada, tiene numerosos antecedentes. El primero data de 1896. Aquel año el presidente del Casino de Oviedo, Mauricio Escosura Cónsul, pidió permiso al Ayuntamiento para construir un pabellón en los aledaños del Paseo del Bombé, para uso y disfrute de sus socios.

El arquitecto provincial Nicolás María Rivero dibujó unos vistosos planos a color. Pero la idea costaba más de lo que el Casino y su siguiente presidente, Luis Vallina, estaban preparados para desembolsar, y aun con el respaldo del alcalde de entonces, José Longoria Carbajal, todo quedó en agua de borrajas.

Las reconstrucciones

Tras aquel proyecto hubo un Café del Bombé, que quedó en ruinas durante la revolución del 34. El arrendatario, Ángel Muñoz, se ofreció a sufragar la reconstrucción a cambio de que el Consistorio le renovase la concesión. En 1938, el arquitecto Vidal Saiz Heres presentó un plano de edificio que recuerda mucho a la cubierta de un barco, banderas y mástil incluidos, con instalaciones para bar, banquetes y orquestas además de bodega. No fue elegido.

La Comisión de Hacienda convocó un concurso que quedó desierto, y entonces la de Policía Urbana impulsó un segundo concurso al año siguiente. Se presentó Marcelino Suárez con un boceto del arquitecto Francisco Casariego, de estilo racionalista y montañés, que no gusta a los técnicos municipales por no parecerse a una casa de campo.

Aquella propuesta tampoco será aceptada por el Ayuntamiento, y tras un tercer concurso se edificará el edificio de lo que hoy se conoce como la actual biblioteca de La Granja.

El transformador del rayo

En los años veinte existía en la llamada Gran Vía del Campo un transformador eléctrico no muy estético. La Sociedad Popular Ovetense quiso desmontarlo e instalar uno más moderno y soterrado en la calle Conde de Toreno. El proyecto fue encargado a Joaquín Vaquero Palacios, que ya en 1927 elaboró un primer boceto con peculiares columnas de luz coronadas con rayos.

La intención era que ese transformador fuese un elemento decorativo además de funcional, iluminando por la noche el Campo y sus alrededores como si de pequeños faros se tratase. La empresa recibió la aprobación municipal en enero de 1936, pero tuvo que detenerse meses después debido al comienzo de la guerra civil.

Finalizado el enfrentamiento, en 1940 el propio Vaquero Palacios rediseña el transformador, sustituyendo las torretas por los arcos que lo caracterizan hoy. La escalinata y otros cambios menores se acometieron a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta.

Un aparcamiento subterráneo

Uno de los últimos proyectos que afectaba a la arboleda, y que tumbaron los tribunales en 2011, fue el de construir tres aparcamientos con mil quinientas plazas en los alrededores del parque. El equipo de gobierno de entonces, con Gabino de Lorenzo a la cabeza, tenía la intención de ceder de por vida a la sociedad Comamsa el subsuelo de Uría y alrededores para construir las cocheras.

Un año y dos meses después de la firma del convenio entre el Ayuntamiento y el empresario Miguel Ángel Menéndez del Fuego para resolver la expropiación del palacete de Villa Magdalena con la cesión de una buena porción del subsuelo del centro, los juzgados cancelaron la permuta.

Esa nulidad estaba argumentada en la omisión de un trámite que la jueza consideraba «transcendente, como es el de haber sometido el proyecto a un periodo de información pública». La idea era construir las tres plantas de aparcamiento y soterrar el tráfico de forma que Uría y La Escandalera serían peatonales. La gran oposición de todos los sectores (ciudadanos, políticos, ecologistas, técnicos...) ayudó a tumbar aquel proyecto faraónico.

Queda por ver si las ideas de los arquitectos y las que propongan los ovetenses en los próximos meses se materializan o se quedan solo como la brisa que circula entre las hojas de los eucaliptos.