El Comercio

'Lecrim: Medios de prueba. Los testigos

L a música guarda silencio provocando que la electrónica, sincronizada con la potencia de sonido, apague los haces de iluminación. La oscuridad se extiende durante cuatro segundos al son de un silencio absoluto. Al final de Ciudad Naranco, ocultas en las abandonadas naves industriales, donde las vías del tren lloran sangre que es ignorada y la cárcel ha sido elevada al altar de la historia, allí, dos barras clandestinas y una pista de baile. El cuarto segundo se cae del panel digital para que el telerruptor vuelva a la posición de encendido: comienza el último track de la noche; ausentes los sonómetros municipales limitadores de potencia, con la camarera subida a la barra sin sujetador, las puertas abiertas para que entren los últimos despistados a la diversión más desquiciada. La mezcla tumultuaria está formada por erizos que suministran felicidad, abogados que acarician a las maltratadas a las que defienden o acusan -tanto da la posición procesal-, nacionales con la pistola debajo de la chaqueta ciegos de speed, comisionistas obreros borrachos y repletos de percebes, fiscales sin afeitar que beben MDMA, al menos dos concejales fumando marihuana y Noelia besando a una periodista.

Las luces estroboscópicas cortan el movimiento. En un extremo del local baila Ana con Noelia, que endereza con precisión las rayas y enrolla el billete. En cuanto rozó el inicio de la línea sintió la explosión del aroma sin corte, una abundancia que era como la fragancia de los puestos de flores del bazar o el olor de la marga removida. Como un primer beso. Como limón y rosa. Un torrente de sensaciones que hizo saltar chispas en su campo de visión. Sintió que su mente se estremecía. «¿Qué es esto? -se preguntó en felicidad plena- ¿Es de las cosas que hemos sacado?». Noelia se echó a reír y se apoyó en ella. «Está bueno, ¿eh?». «Está buenísimo. Es... asombroso. Quizá deberíamos volver a por más». Pero en el momento en el que están pensando en buscar al socio del Club de Tenis que les ha vendido la cocaína se apaga la música y se encienden las luces: redada.

Treinta agentes de la Nacional entran acompañando a diez locales. El suelo se llena de gramos huérfanos y por la puerta trasera empieza la huida de los que pueden.

Y ellas acabarán como testigos en un juicio de lesiones con atentado a la autoridad. Alguien, por determinar, le extirpó los dos incisivos centrales superiores, con fractura del tercio distal de la corona del segundo premolar izquierdo a Daniel, de las que sanó a los sesenta días, durante los que estuvo incapacitado para sus ocupaciones, precisando para su curación tratamiento odontoestomatológico. Los dientes incisivos extirpados han sido restaurados con prótesis.