El Comercio

Del fantasma del oeste a los juegos en Degaña

La concejala de Educación explica a los niños el formato del Consejo.
La concejala de Educación explica a los niños el formato del Consejo. / MARIO ROJAS
  • Cuarenta alumnos se interesan por la niñez de los poíticos y les piden mejoras para la ciudad en el Consejo Local de Niños

El Ayuntamiento recibió ayer una visita poco común. Cuarenta alumnos pertenecientes a veinte colegios se codearon con el alcalde y concejales en el Consejo Local de los Niños. Aprovecharon a hacer propuestas y también preguntas. Quisieron, sobre todo, conocer la vida de los políticos que desde hace un año y medio ocupan los veintisiete sillones del Salón de Plenos. Y empezaron por el principio: «¿Cómo erais de niños?», les preguntó Celia Rodríguez. Wenceslao López respondió: «Me llamaban el fantasma del oeste y os podéis imaginar el por qué». El edil socialista Diego Valiño, más goloso, recordó que cuando su madre le recogía a él y a su hermana colegio Dolores Medio «nos llevaba a Camilo de Blas a comer una montañita de chocolate». Y Rubén Rosón, concejal por Somos, viajó hasta las calles de Degaña, donde «jugaba con mis amigos».

Pasos de cebra y bicis

Unas vivencias con las que se 'ganaron' a los alumnos de Quinto y Sexto de Primaria, pero el Consejo Local de Niños es también serio y había que pensar en la ciudad.

Divididos en varios grupos fueron recibidos por otros representantes del Consistorio. Nekane Gómez explicó a los ediles del PP, María Ablanedo y Francisco Javier García, que una de sus prioridades es la adaptación de los pasos de cebra a las personas discapacitadas: «Tengo una vecina que es ciega y a veces se encuentra con obstáculos». Laura Gálvez solicitó la construcción de más carriles para bicis, y ahí obtuvo la respuesta del alcalde, que le dijo que en esta legislatura está previsto que «los parques de Oviedo se unan con las sendas peatonales». No le satisfizo, pero por vergüenza no repreguntó.

La concejal Marisa Ponga les entregó el manifiesto para los niños y los más pequeños quisieron que se los firmasen. Por un momento Ana Taboada o Luis Pacho parecían ídolos musicales firmando autógrafos, debido al corrillo que tenían a su alrededor.