El Comercio

Fernando Alba observa los daños producidos por el óxido.
Fernando Alba observa los daños producidos por el óxido. / M. ROJAS

Fernando Alba: «Hay una zona oxidada de la escultura por la humedad»

  • El artista regresa al parque de Invierno un año y medio después de su última visita a la obra y alerta de que necesita una reparación urgente

El escultor Fernando Alba ha recibido con optimismo la propuesta del Colegio de Arquitectos de Asturias, que ha pedido al equipo de gobierno que salde la «deuda histórica» que existe con el arte contemporáneo en Oviedo y en concreto, en la figura del artista. El 'pago' se traduce en que la obra que Alba construyó en 1988 en la plaza del Lago Enol, en Ventanielles, se reinstale en Llamaquique: «Es la mejor ubicación; es desde siempre el lugar ideal y ya no se puede hablar más porque sería volver a marear la perdiz», aseveró ayer a este periódico.

Valoró esta «llamada puntual y oportuna» de una institución «tan seria, que me parece bien que se preocupe». No es para menos. Tras un año y medio sin ver la escultura, que se encuentra en un solar al aire libre en el parque de Invierno, Alba la visitó ayer con EL COMERCIO. Los desperfectos comienzan a notarse: «Hay una zona oxidada por culpa de la humedad y la no ventilación. Está haciendo una herida en la chapa de la escultura», describió.

Advirtió de que si no se toman las medidas necesarias pronto será un problema. «Exijo una atención mínima a la pieza, esa es mi reclamación», pidió. El guante se lo lanza al gobierno local. Aseguró que para que el óxido no perjudique más a la obra necesita una limpieza y un secado de la zona afectada. El artista teme que haya más daños: «Hay una zona en la parte de abajo que no se ve y no sé cómo pueden estar». «Veo que el poder, el gobierno es perezoso en sus prioridades. El tiempo pasa: ¿quién es el vigilante del patrimonio de la ciudad?», se preguntó.

El artista tampoco ha recibido respuesta sobre las puertas que realizó en 1973 en el desaparecido comercio Las Novedades entre Gil de Jaz y Ventura Rodríguez, catalogadas y protegidas. «Creo que siguen ahí, al menos eso confío porque si no sería preocupante», se lamentó.

Lo último que sabe de ellas es que estaban depositadas en el almacén de la tienda, pendientes de una restauración supervisada por él, pero «nadie me llamó por parte del Ayuntamiento para informarme de qué pasa con las puertas».

El artista lamentó que lo que ocurre con su obra es algo «sangrante» que va más allá de la «anécdota». En este sentido, confesó que en un principio se sintió «herido». «Luego lo encajé e incluso desprecié las actitudes de ignorantes y ahora esperaba que las cosas se pusieran en su sitio de manera más inmediata», reconoció.