El Comercio

«Una cosa es hacer una colección y otra muy diferente comprar cuadros»

Jaime Sordo, Iván Dasto, responsable de ArteOviedo, y Carlos Rosón.
Jaime Sordo, Iván Dasto, responsable de ArteOviedo, y Carlos Rosón. / MARIO ROJAS
  • Los coleccionistas Jaime Sordo y Carlos Rosón profundizan en 'El valor del arte' en el marco de la Feria de Arte Contemporáneo

La VI edición de la Feria de Arte Contemporáneo ArteOviedo, sita en la plaza de Trascorrales, lleva parejos diálogos y debates como el celebrado ayer en el Museo de Bellas Artes de Asturias en torno a 'El valor del arte' por dos de las figuras más señeras del coleccionismo nacional: Jaime Sordo, presidente de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo, y Carlos Rosón, presidente de la Fundación Rosón Arte Contemporáneo.

Sordo lo tiene claro: «Desde que empecé a comprar arte busqué, por un lado, que la colección fuese ecléctica, sin hilo conductor y, por el otro, que fuese pasional con un fuerte impacto de lo emocional». Sus primeros años no fueron fáciles, salir de España a comprar era difícil y, en las galerías nacionales, muchas veces, lo más interesante ya estaba vendido. Sordo defiende un humanismo omnívoro y sin fronteras: «Llenar la mochila, es fundamental llenarse de conocimiento para comprar. El coleccionismo lleva a tomar decisiones en tiempo real, acabas comprando quinientas cosas, pero siempre recuerdas aquello que no compraste. Los puntos cardinales serían: ilusión (visión del cuadro), desilusión (precio), desequilibrio (decisión) y suicidio (endeudamiento). La colección debe ser la que mande en ti, no al revés». Lo importante para Sordo «no es la compra sino la apuesta: el seguimiento que estableces del artista, que éste no llegue a desaparecer como ha habido casos, la inversión es lo de menos. El lado izquierdo del cerebro es el lógico, el semántico, y el derecho el emocional, el visual, el que debe primar». Concluye: «Hacer ojo, ahí está todo, procesar el objeto dentro de ti, lo que decía Barret Newman: el significado de la obra debe salir de lo que se ve, no de lo que se dice».

Patrimonio para todos

Carlos Rosón empieza su colección en el 93 y desde la periferia (Pontevedra). Sus inicios estuvieron marcados por algo que aprendió muy rápido: «Una cosa es hacer una colección y otra, muy diferente, comprar cuadros. Hay dos tipos de coleccionistas en este país: los que compran con pasión y a los que les compran, diversos especialistas, la colección. El riesgo y la pasión están en el primero. Que la colección, con sus errores, cuente la historia, tu historia. Segundo aspecto: una colección de obras, no de nombres. Comprar la obra que quieres comprar y no algo cualquiera de ese artista, que a lo mejor no te interesa nada, interesándote mucho él a nivel genérico».

El camino de ambos fue empezar en el Informalismo, la España en blanco y negro del grupo El Paso, y desde sus respectivas colecciones, pero, más aún, desde la Asociación de Coleccionistas 9915, la que formaron unos diez amigos, hoy con cerca de ochenta socios, proponerse dos objetivos: «Lograr que el arte sea patrimonio de todos, donde pueda exhibirse, ponerse al servicio de la sociedad. Y compartir con los propios artistas el máximo de experiencias posibles, bien desde becas, programas de residencias, charlas, todo lo que sirva al arte como comunicación». Hablan de un valor social del coleccionismo, y una asociación o grupo «sin elisión de ningún futuro miembro en relación a parámetros cualitativos o cuantitativos. En ningún caso que la capacidad adquisitiva fuese discriminativa». Celebran la Feria de Oviedo como oportunidad inmejorable para empezar a «pincharse por la droga del arte. Si no estás pinchado, malo. El coleccionista es muchas veces un señor con perro que le habla a otro señor con perro de la delicia suprema que supone darle al animal onzas de chocolate o meterlo en la cama contigo».