El Comercio

En la orgía visual

La 'Performance' de Susana Villanueva.
La 'Performance' de Susana Villanueva. / MARIO ROJAS
  • La Feria de Arte reúne a autores noveles y consagrados

Fue el Nobel Vargas Llosa, muchos años atrás, quien habló de la literatura como «orgía perpetua». En la plaza de Trascorrales, estos días, se celebra la 'orgía visual': las cascada de imágenes sugerentes, la maraña de significados plásticos ocultos, el turbión del arte que implosiona y explosiona en el espectador sobrecogido, aterido por el discurso de formas y colores. Susana Villanueva expone su 'performance', con ella como testigo y bajo el rótulo 'Familiares, amigos, allegados y arrimados', ofrece, en una diminuta y cómica oficina de secretaria, un lugar para la denuncia de los expolios cometidos en patrimonio artístico, de las ofensas a las que el paraíso natural se somete, el respeto por el entorno que la sociedad capitalista mancilla y devora con sus mil dientes de plomo. El torreón de caras de Millares (Galería Arancha Osoro), una encima de otra, una al revés y otra al derechas, puede servir como emblema de la estupefacción, de cuanto implica mirar y ser mirado, de cuanto significa el rostro y su reflejo. Aurora Vigil-Escalera, veterana e histórica del galerismo asturiano, es la primera vez que participa y conjuga el artista internacional y consagrado (Genovés) con el joven de la suelas de viento (Torices) que viene a poner en duda la tradición e ir mucho a su aire. Guillermina Caicoya es el remanso de lo lírico, de lo poético, en un stand donde los juguetes perdidos de Marisu Solís funcionan como objetos encontrados, como esculturas domésticas, donde el interrogante de lo íntimo y cotidiano es guadaña de espuma para saber lo de siempre: quiénes somos, adónde vamos. Bea Villamarín trae a jóvenes nacionales (Xurxo Gómez) y pone el límite entre fotografía y pintura, entre mirada obvia y mirada elaborada, con reflexiones contemporáneas de ámbito pop, caso del 'Hotel Earle' de los Hermanos Cohen... también es una recién llegada, y sus parabienes son infinitos para Oviedo y la organización de la VI edición de la Feria de Arte.

La galería Dos Ajolotes, emblema de una bohemia radioactiva, muestra los análisis de Mon Cabrales en papel; junto a las cabezas decapitadas de Juan Pérez, que el artista llena de colores como otros se inundan de asedios y preguntas, o los monstruos naturales de Breza Cecchini, que ella sitúa en debate urbano, embridados de literatura.

La orgía visual no acaba, cada stand lleva al siguiente y el viaje amenaza con no acabar. Las cabezas de payasos de Iván Prieto (Galería Cervantes6) junto a los animales vestidos de humanos de Miguel Vallina colocan el drama en plena y acuosa hoguera pop. Cornión es la gruta del tesoro de los muy consagrados (Pelayo Ortega, Galano) pero Amador Fernández pide acción: «Esto está muy bien, pero aquí hace falta empresariado. No que cada galería traiga a sus clientes, y un entorno favorable, sino un empresariado, desde Alsa a Reny Picot, a los que se les ofrezca todo este producto en bandeja de plata, los primeros».

Juan Falcón (con un entusiasmado Carlos Sierra alabando lo expuesto) centra el debate en lo natural: grandes lienzos sobre su obra vegetal y unos audífonos, junto al respectivo vídeo, donde se graba el sonido de la hierba sometida al estrago del viento común («La obra más política de cuanto aquí se expone», destaca el poeta Pelayo Fueyo). El terreno de lo orgánico es lo destacado por Gema Llamazares: los platos de loza Federico Granell sobre la familia inventada, el tríptico de Helena Toraño con fuerte presencia de lo vegetal, el mundo de jardines custodiados de Guillermo Simón. La Escuela de Arte de Oviedo invita a un paseo por la Red, donde la misma funciona como expositor de las firmas que de allí salen, al mismo tiempo que expone a su último Premio Mestre. Alfara trae a la escultora Esperanza D'Ors con gran presencia en la ciudad (obra en la plaza de la Concordia o de La Paz) pero esta vez con trabajos minimalistas, pequeñas figuras con títulos sugerentes: 'Lady Gaga o la diosa de la abundancia' o 'Dédalo', junto a los docentes Antonio Navarro y Villalpando, o el artista cangués Fernando Redondo donde presenta 'De cuándo me rompí en pedazos', una conflictiva serie de instantáneas sobre su rostro asediado, el bisturí en el límite entre el sueño y su ilusión. ATM, a través de Cristina Ferrández, reflexiona acerca de los fenómenos de ausencia y presencia, de la naturaleza intervenida y en soledad, en el conflicto mismo de la abstracción y el lenguaje figurado, entre la objetividad de lo real y lo grotesco de lo posible o ficcional. Los debates visuales son inmensos, la pupila no descansa, el festín no puede ser mayor: la Feria de Arte de Trascorrales coge al espectador por el cuello, sin soltarlo. El arte asturiano no puede gozar de mejor salud, debido a su cantera.