El Comercio

La operación de El Vasco .
La operación de El Vasco . / A. PIÑA

Algo se mueve

  • «No es que haya un movimiento frenético ni mucho menos, pero todo indica que la recuperación empieza a hacer acto de presencia»

Como todas las ciudades, Oviedo tiene multitud de asignaturas pendientes. Algunas, incluso, parece que en última convocatoria o que nunca se superarán. En buena medida guardan relación con dos problemas urbanos de primera magnitud. Uno, coyuntural, que es la crisis de la construcción pública y privada; el otro, ya estructural: el uso y abuso del automóvil. Pero lo cierto es que, en los últimos meses, algo parece estar moviéndose en el sentido adecuado y se retoman actuaciones y proyectos abandonados, a la vez que, con participación ciudadana y de entidades representativas, se intenta planificar el futuro inmediato de la capital, lejos de la improvisación y la ocurrencia despilfarradora que caracterizó la gestión municipal durante décadas.

Por su volumen, por el sombrío origen del asunto y porque es, casi, la primera estampa urbana cuando se entra en Oviedo desde la 'Y', debe destacarse la noticia relativa a la operación de El Vasco y su futuro bulevar. Circunstancias de toda índole hacían presagiar que esa obra a medio hacer nunca iba a desencallarse. Pero parece que incluso hay sintonía entre lo avanzado por los promotores y el criterio y las exigencias del Ayuntamiento. Ojalá que todo siga el curso previsto y deseado y que lo finalmente urbanizado y edificado aporte a la ciudad algo más que ladrillo y hormigón. La inmediación de otro bulevar, el de la sidra, con tanta pujanza económica, comercial, gastronómica y de concentración de gentes, parece presagiar un buen futuro, a poco que se estudie la vertebración de los dos ambientes y se apueste, tal como se anuncia, más por hacer ciudad que por vender pisos o locales. Como la materialización del asunto conllevará la superación de barreras jurídicas, económicas y técnicas que requieren su tiempo, sólo cabe esperar. Eso sí, con una inesperada esperanza.

Ese optimismo también puede asentarse en la realidad, visible, de que promociones privadas demoradas 'sine die' o abandonadas en pleno esqueleto de pilastras, comienzan a resurgir y donde en el verano no había más que abandono y hierbas altas, hoy empiezan a verse trabajadores y maquinaria. Montecerrao es buen ejemplo de lo que digo. No es que haya un movimiento frenético ni mucho menos, pero todo indica que la recuperación empieza a hacer acto de presencia.

Se termina, tras mil incidencias, la senda que, con viejo túnel recuperado, une Santo Domingo y el parque de Invierno y, aunque este proyecto del anterior equipo municipal no me entusiasme, mejor es verlo en funcionamiento, sin acopio de barro y material de obra y dejar que los vecinos, con su uso, juzguen acerca de su utilidad y acierto.

También, ya lo destaqué hace semanas, la zona de Los Reyes, colindante con La Florida, empieza a ensamblarse dignamente con el nuevo y ambicioso barrio tras décadas de abandono y solución de continuidad urbana. También el puente hacia el Parque del Oeste ha sido una bendición -y algún día habrá que recordar quién lo suprimió temporalmente del planeamiento-, que bien merecería de una prolongación natural y ambiciosa hasta Olivares y la carretera de Galicia. Pero las obras que ahora se adjudican -básicamente un enlace en Martínez Cachero- son de una austeridad monacal y ni remotamente cubren la necesidad de servir de eje de comunicación más allá de los tráficos locales u ocasionales.

Porque el tráfico es, como se dijo al comienzo de este comentario, un problema de difícil o imposible solución: crece el parque móvil mientras que las calles, lógicamente, no se agrandan a la par. Al revés: las deseables peatonalizaciones, ampliaciones de acera y las medidas de incentivación y protección del ciclismo callejero, hacen más complicada la circulación de vehículos a motor. Habrá que ver qué se hace con los automóviles que se vean afectados por el futuro bulevar de Santullano (lo de San Julián me parece un desprecio a la toponimia asturiana, perfectamente conservada en este caso). Y lo mismo ocurre con el entorno del Campo de San Francisco, donde, peatonalizar o ajardinar algunas de las calles que lo bordean, no es tarea sencilla a poco que se mediten las consecuencias. Pero lo positivo para Oviedo es que, cualificadamente, se están dando vueltas al asunto y no dejando pudrirse, como algo ya desahuciado, la protección de nuestro primer parque.

Y quedan otras muchas asignaturas pendientes: la comunicación entre estaciones, el puente de Nicolás Soria y la duplicación del acceso a Ciudad Naranco desde la AS-II... o la propia preservación y recuperación del monte, incluidos unos mejores accesos a y desde el parque de Pura Tomás (porque lo de la Loma del Canto, sigue con mal cariz).

En fin, en este 'cahier' de deseos revitalizadores, tampoco estaría de más -insisto por enésima vez- que Ayuntamiento, Adif y propietarios privados intentaran mejorar la estética de la entrada a Oviedo desde el sur, logrando la continuidad de las zonas verdes desde la plaza de Madrid al parque de Invierno. Una obra sencilla que, además, debería llevar aparejada la eliminación de vallas publicitarias y alguna construcción degradada. Por pedir, que no quede.