El Comercio

Las barreras del Campo de San Francisco

La isleta de La Escandalera, pendiente de cambio.
La isleta de La Escandalera, pendiente de cambio. / ALEX PIÑA
  • Participantes en una visita guiada comprueban los problemas de accesibilidad del parque

  • Las entradas con escaleras y las aceras estrechas dificultan la circulación de personas con movilidad reducida y el paso de carritos de bebés

El Campo de San Francisco es un lugar mágico que cruzan cada día miles de ovetenses. Su historia, que no todo el mundo conoce con detalle, nace la mano de los monjes franciscanos. Decidieron darle a este céntrico lugar una función social y cada jornada, «a las tres de la tarde, tocaban la campana para dar bacalao y agua» a los más necesitados. Esta es una de las miles de anécdotas escritas sobre el pulmón verde de Oviedo. Ayer, el arquitecto Felipe Díaz-Miranda relató algunas durante una visita guiada, enmarcada en el proceso de participación ciudadana abierto, y que resultó amena al combinar la historia con los problemas de accesibilidad de la zona.

Junto a la empresa Pragma Sociología Aplicada, Díaz-Miranda busca que los ciudadanos digan los problemas que detectan en el parque y sus alrededores. Su objetivo, a día de hoy, no es mejorar los paseos ni los elementos ornamentales de su interior, si no los accesos y evitar que las calles que le rodean sean una rotonda.

En este sentido, la arquitecta Kaila San Fabián destacó durante el recorrido que el gran problema es «el tráfico» y que las entradas resultan «inaccesibles tanto para los carritos de los niños como para las sillas de ruedas». También para las personas mayores que viven en la cercana residencia Santa Teresa. Hay pocas entradas sin escalones y en la calle Toreno solo hay una de acceso. Se encuentra a la altura de la iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón. y contigua a ella no existe un paso de cebra. Para cruzar, los ovetenses tienen que subir casi hasta Santa Susana, o dirigirse hasta el paseo de los Álamos.

En este último lugar el problema de accesibilidad se encuentra en el paso de peatones de Uría a la altura de Milicias Nacionales. En medio hay un árbol y algunos ciudadanos tienen que hacer malabares para pasar. Además, Díaz-Miranda ironizó con que se debería rebautizar como 'paseo de los magnolios' al no tener en la actualidad ningún álamo plantado a lo largo de mosaico de Antonio Suárez. Otro de los inconvenientes que ve, apoyado por muchos de los treinta ciudadanos que acudieron a este recorrido, es que «la vegetación es desafortunada, ya que da sombra» en días de invierno soleados, aunque fríos, como el de ayer sábado.

Siguiendo este paseo, los ovetenses se encuentran con lo que para Díaz-Miranda es el punto «más conflictivo»: la isleta de La Escandalera, nexo de unión entre el Campo y la calle Argüelles. La acera es demasiado estrecha para ser utilizada por los peatones. Esta calzada no siempre existió, ya que hace siglos estaba allí la capilla de la Magdalena, donde «se elegía a los regidores de Oviedo» y se censaba a los nacidos. Igualmente, Díaz-Miranda destacó que hace siglos el Campo de San Francisco llegaba hasta la calle Pelayo, pero con la creación de la calle Uría se modificó la estructura.

Santa Susana y Toreno

La esquina que une las calles Santa Susana y Toreno tampoco es utilizada por los peatones, ya que ocurre lo mismo que en Argüelles. La acera es estrecha y dos personas hacen malabares para cruzar a la vez. Por esa razón, Díaz-Miranda calificó este espacio como «ridículo». Al mismo tiempo relató que el nombre de la primera de estas vías se debe a que «había una capilla de un particular cuya mujer» se llamaba así. Igualmente, había una fábrica de chocolate que delimitaba la otra punta. Años más tarde se decidió convertir la vía en «la primera ronda que tuvo Oviedo». «Aquí confluía la carretera que iba hacia Galicia con la de Castilla y que por aquel entonces se articulaba por San Lázaro», destacó.

En otro extremo, comentó otro fallo de accesibilidad del Campo, ya que en Santa Susana todos los puntos de acceso, excepto dos, presentan escaleras. Esta cuestión se une a la entrada de la plaza de España. Resulta casi imposible para las personas que van en sillas de ruedas.

Estos problemas no son una gran preocupación para Santiago García debido a que los escalones «son fáciles de retirar». No obstante ve muy difícil «quitar los coches» de estos cuatro ejes. «¿Cómo se va a peatonalizar? Se pueden quitar los aparcamientos de Santa Susana pero, ¿dónde metes los autobuses?», se preguntaba ayer al final del recorrido.

Asimismo, opinó que Oviedo no es una ciudad apta para las bicicletas por «las cuestas que hay y por la lluvia». «Yo empecé a trabajar en el año 1963 y me desplazaba en este medio de transporte, pero esta ciudad no es Sevilla y solo se puede usar por el verano», concluyó.

Las actividades del proceso de participación impulsado por el Ayuntamiento concluyen el martes con el debate de las ideas y las conclusiones de los ciudadanos. Se integrarán al prediagnóstico participado.