El Comercio

La carta de la viuda del bombero Eloy Palacio

Viuda e hijo de Eloy Palacio.
Viuda e hijo de Eloy Palacio. / ÁLEX PIÑA.
  • «Quiero intentar expresar lo que pienso sobre la decisión de la Audiencia Provincial de cerrar la causa del accidente que se produjo durante la extinción del incendio de Uría y en el que perdió la vida en acto de servicio mi marido»

Con esta carta quiero intentar expresar lo que pienso sobre la decisión de la Audiencia Provincial de cerrar la causa del accidente que se produjo durante la extinción del incendio de Uría y en el que perdió la vida en acto de servicio mi marido, Eloy Palacio. En ella se concluye que la causa de dicho accidente se debe a una actuación imprudente y al exceso de celo del trabajador. Una decisión que tengo que acatar, pero con la que no estoy conforme por considerarla injusta.

El pasado 27 de enero recibo esta noticia del archivo de la causa. De forma inmediata aparece la noticia en los medios de comunicación. Y veo en titulares que el accidente fue debido a una decisión de Eloy de bajarse de la cesta. Si no fuera conocedora de que aquel día le habían llamado para reforzar; parecería que Eloy pasaba por allí y sin preguntar a nadie se subió a la cesta del brazo articulado porque le apetecía soportar un calor inmenso y respirar humo durante horas, mientras se balanceaba en una cesta a varios metros de altura, arriesgándose además a poner en riesgo su vida subiéndose a la cornisa del edificio.

¿Cómo es posible que los informes de Inspección de Trabajo y del Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales concluyan que el accidente se debió únicamente a la decisión personal de un trabajador? El trabajo de los bomberos durante una intervención es un trabajo en equipo. Reciben órdenes y las cumplen.

Aquel día había cuatro mandos operativos: dos subinspectores, un inspector y el jefe de servicio. El inspector Luis Díaz Montes hizo dos declaraciones distintas. Primero, ante la Policía, mantuvo que dijo tanto a Eloy como a Juan Carlos, ‘Cuni’, que no se bajaran de la cesta. Después, ante la jueza, mantuvo que esa orden solo se la dio a Eloy en un breve momento en que no había testigos. Entre ambas versiones, se produjo la declaración de ‘Cuni’, que aclaró que en ningún momento él había recibido esa orden. Es extraño el cambio de versión. Es extraño que estando dos bomberos trabajando en el mismo lugar dé una orden de semejante relevancia solo una vez, y a uno sí y a otro no. Es extraño que no lo dijera utilizando la emisora de modo que todos pudieran oírlo y quedara grabado. Y es extraño que la orden referida a no bajarse de la cesta se la dio sin testigos justo a quien ya no puede dar su versión y no puede defenderse.

De la conversación que Luis Díaz Montes asegura que mantuvo con mi marido cuando descendió para cambiar los equipos de oxígeno, ‘Cuni’ escuchó que Eloy señalaba que llevaban muchas horas echando toneladas de agua sobre el edificio y que podía colapsar. A esto, el inspector contestó que no había peligro, y dio la orden de volver a subir para arriba a apagar el fuego. Esta fue la última orden recibida. Para cumplir dicha orden Eloy y Cuni tuvieron que descender de la cesta porque era la única forma de llegar al foco del fuego que se resistía. Unos minutos después se produjo el colapso.

Un incendio que se inició en un piso de donde salía humo, ¿cómo pudo acabar descontrolándose con tanta virulencia? Aquel día todo falló. Fue evidente que los bomberos no tuvieron agua suficiente para hacer frente al fuego. Fallaron los hidrantes, la emisora se oía de forma intermitente y el brazo articulado funcionaba mal. No se realizó el relevo de los bomberos que llevaban varias horas trabajando. No existió un perímetro de seguridad, ya que delante del edificio además de los vehículos de bomberos había autoridades y varias personas innecesariamente expuestas. No parece que existiera un plan de intervención. Era apreciable la desorganización y la falta de seguimiento y vigilancia: cuando se produjo el derrumbe, no solo había bomberos sobre el edificio sino también dentro de él. Todo lo anterior concluyó con un bombero fallecido, otro herido y la destrucción de dos edificios históricos en el centro de Oviedo. Visto como se desarrollaron los acontecimientos, la desgracia podía haber sido mayor.

Por todo lo expuesto, no puedo entender que la justicia haya decidido archivar el caso centrando la investigación exclusivamente en el momento justo del accidente, sin dar importancia al desarrollo global de unos hechos que tuvieron tan fatal desenlace.

Para terminar, quiero dar las gracias a los ciudadanos por sus muestras de apoyo que nos ayudan a sobrellevar nuestro dolor. También quiero agradecer a los medios de comunicación la prudencia con la que han seguido el caso, y que nos hayan ayudado publicando esta carta.

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