El Comercio

«No caigamos en la tentación de congelar Oviedo como un museo»

Fernández Molina, ante el micrófono, en el despacho Mijares.
Fernández Molina, ante el micrófono, en el despacho Mijares. / A. P.
  • El arquitecto defiende en el seminario Gerardo Turiel una transformación urbana que aúne el patrimonio histórico con la innovación

El arquitecto José Ramón Fernández Molina llamó ayer a elaborar un proyecto de ciudad para Oviedo en el que se incorpore «el color de lo patrimonial, que emerja hacia el espacio público la historia que duerme, las biografías de sus ciudadanos». También, un «verdadero plan de señalización» en el casco antiguo, un plan de movilidad urbana más elaborado y una solución para tres grandes espacios: La Vega, El Cristo y el monte Naranco.

La idea de una estrategia para Oviedo en la que se unan el tesoro del pasado con un plan de futuro fue el eje central de la conferencia 'Cultura y patrimonio urbanos como tractores del modelo de ciudad', que Molina impartió en el seminario Gerardo Turiel, organizado por el despacho de abogados Mijares y con la colaboración de EL COMERCIO. El ponente defendió un progreso para Oviedo basado en la sostenibilidad, la reutilización y el compromiso entre la innovación y la tradición, eludiendo «caer en la tentación de congelarla como un museo».

Entre el público se encontraban Alfonso Toribio, colega de Molina, la profesora de Historia del Arte Carmen Adams o los líderes vecinales José Ramón Sariego y Ramón del Fresno. El avance del Plan Estratégico para Oviedo, elaborado por una empresa a partir de 376 encuestas, fue duramente criticado por los presentes. «Es un documento menor que nace lastrado por la baja dotación presupuestaria», opinó Molina. Para Toribio, es «tan general que no es nada». El conferenciante advirtió de que si en «cinco o diez años» no se hace un Plan Estratégico técnicamente mejor, la ciudad «puede caer a plomo».

El arquitecto ilustró la mala praxis urbanística con las operaciones de El Vasco y el Palacio de Congresos, donde «el proyecto aparece antes que el plan» y supone «un menoscabo de los objetivos estratégicos» de la ciudad. En cambio, es un modelo el Oviedo Redondo, para el que Molina cuenta con un proyecto de rehabilitación de la muralla primitiva y donde se produce «un compromiso entre lo existente y lo nuevo que es paradigmático». En cuanto a ciudades similares que Oviedo pueda imitar, citó dos: «Vitoria y Pamplona están en la zona rica de Europa, tienen una estructura administrativa local con diputaciones muy potente».

Por otro lado, el arquitecto se detuvo en el monte Naranco, cuyo Plan elaborado por sus colegas González-Cebrián y Fernández-Rañada «está en un cajón», lamentó. Reclamó para este «lugar sagrado» pequeñas actuaciones que permitan cruzarlo de manera peatonal, como un túnel.

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