El Comercio

Unas pastas que saben a gloria

Unas pastas que saben a gloria
  • Las Pelayas elaboran desde hace ocho meses unos dulces que encandilan a los ovetenses

Nada más entrar al monasterio de las Pelayas por la calle del Águila un olor invade todas las esquinas. A muchos, este aroma les recuerda a su niñez, cuando cocinaban con sus madres galletas o rosquillas. A otros, su mente les lleva de viaje hasta el epicentro de una pastelería, donde cada día se venden dulces tan exquisitos como los carbayones o los piononos.

La razón de esta nueva esencia no es otra que la puesta en marcha de un proyecto de elaboración de pastas artesanales por parte de la comunidad y que ha encandilado a más de un ovetense y turista. «Empezamos la venta de nuestros productos el 25 de julio de 2016, que es el día de Santiago, aunque no estuvo en nuestros planes que ambas fechas coincidieran», explica la madre abadesa, sor Rosario del Camino Fernández-Miranda. El local donde antes se hacían las tareas de encuadernación de libros ahora se ha convertido en un espacio formado por hornos y mesas de trabajo donde elaboran tres clases diferentes de galletas. «Desde 2008, el número de estampaciones que recibimos han ido bajando, debido al aumento del formato digital, y desde la comunidad pensamos en reinventarnos, tal y como han hecho el resto de los ciudadanos ante la crisis económica».

De esta forma, se pusieron manos a la obra para pensar cuál podría ser la actividad económica que les sustentase económicamente y concluyeron que la mejor opción sería ésta. «Sor Josefina siempre elaboró pastas para las fiestas especiales y en un principio pensamos que podíamos vender mermeladas». Sin embargo, la idea no era del todo redonda cuando les comentaron toda la burocracia que había detrás del proyecto. «Vimos que el proceso de conservar la fruta era complejísimo. Dependíamos, por ejemplo, de una empresa química. A continuación, pensamos en la opción de realizar esta mezcla», destacó.

Al mismo tiempo diseñaron todo el plan y pensaron que hacerse sitio en el mercado era difícil, pero pronto comprobaron que la marca ‘monja’ es sinónimo de garantía. «En un sector como este teníamos que hacernos un hueco. Nosotras lo que hacemos es un producto cuidado para los ovetenses y también para que los turistas que visitan la ciudad se las puedan llevar de recuerdo».

Asimismo, idearon el equipo que estaría en la cocina, en los hornos, en la fase de empaquetado y, por último, en la de venta. Decidieron, además, que cuatro serían los días de elaboración. «Los hornos están funcionando de martes a viernes, desde las 9.30 hasta las 13 horas», destaca sor Josefina. Eso es la elaboración. La venta es otra cosa. Venden incluso los domingos. «Abrimos toda la semana y vendemos galletas de mantequilla, de avellana y un surtido muy variado».

Recetas artesanales

Antes de meter estas ‘delicatessen’ en el horno existe una zona de recepción de los ingredientes. En ella tienen diferentes libros de registro, donde apuntan todos los movimientos, por si en un momento dado existe un problema poder atajarlo de raíz. «No usamos ni conservantes ni colorantes y los productos que más utilizamos son los huevos, el azúcar y las avellanas».

Una vez finalizado el proceso de elaboración, los dulces son introducidos en los envases diseñados para la venta. «Colocamos las galletas según nos venga la inspiración», destaca sor Pilar, que está en la fase de empaquetado. Ella tiene un control exhaustivo del proceso de venta y también es la encargada de colocar el producto final en unas cajas diseñadas especialmente para la conservación de productos alimenticios hasta su venta, en el despacho que tienen en la calle del Águila.

Productos que gustan

«Para nosotras es una satisfacción que vengan señoras y nos digan que en su casa tienen las pastas escondidas porque, si no, vuelan». La madre abadesa está muy contenta, satisfecha por cómo ha transcurrido la venta de las pastas en los ocho meses que llevan trabajando. Es más, tanto es el éxito que han cosechado en este tiempo que ya han introducido una innovación de cara a las comuniones, ya muy próximas: han diseñado una ‘cajina’ especial para regalar a los invitados, con un «un surtido galletas de mantequilla».

Han innovado y evolucionado, pero las Pelayas no han dejado de lado la encuadernación, ni tampoco la venta de discos de música y canto gregoriano. Y es que, a pesar de las innovaciones, las benedictinas quieren seguir manteniendo sus sellos de identidad, aunque la gente ya escuche la música en el ordenador o los dispositivos electrónicos y ya no se lleve hacer coleccionables y después empastarlos, tal y como manda la tradición. Sea como fuere, siempre sabe mejor escuchar música o leer un libro con una caja de pastas cerca.

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