El Comercio

«Hasta 1860, la zona de Junigro no existía»

Toño Huerta, guía en la visita por Trubia.
Toño Huerta, guía en la visita por Trubia. / DAMIÁN ARIENZA
  • El historiador Toño Huerta guía una visita por los orígenes y el desarrollo de la fábrica de armas de Trubia

En el siglo XVIII un ingeniero de la marina viajó a Asturias en busca del lugar idóneo para construir una fábrica de armas ante un posible estallido de una guerra con Francia. Visitó el Occidente y creyó que Grandas de Salime era el sitio idóneo, pero después cambió de idea. Quedó fascinado con el valle de Trubia y meses después comenzaron las obras. Se hizo un presupuesto de construcción y pronto los sobrecostes llegaron. Este no fue un inconveniente y años más tarde, las puertas de la empresa abrieron y tanto los jefes como los trabajadores, venidos de Placencia de las Armas o Éibar (Guipúzcoa) vívían dentro de estos muros.

De aquélla al otro lado del río Nalón solo había un puente estrecho de madera y un gran parque de carbón. Pero en el siglo XIX esta situación cambió: se proyectó un bloque de viviendas en la calle General Elorza y de esta forma se creó el barrio de Junigro. «Hasta 1860, la zona donde ahora está el consultorio no existía. A lo largo del tiempo se construyeron tres edificios y en uno de ellos se diseñó la planta de abajo para talleres y arriba había viviendas», destacó ayer el historiador Toño Huerta, durante la visita guiada que realizó por los barrios obreros en el seno de las Jornadas de Patrimonio Industrial que comenzaron hace más de dos semanas.

Estos edificios tuvieron un esplendor característico hasta que estalló la Guerra Civil española. Allí vivieron 3.000 personas y en la parroquia había empadronados 6.000 ciudadanos. En medio del conflicto se bombardeó la localidad en dos ocasiones. Uno de los artefactos dañó la estructura del bloque que da comienzo a la calle Coronel Hernando Espinosa. Esta situación repercutió en la calidad de vida de los trabajadores y en los años 40 se emprendió su reconstrucción.

Ahora estos tres edificios son testigos de la vida de los jubilados de la fábrica. En los años 80, el Ministerio de Defensa se deshizo de su titularidad y los vendió. Fueron los propios trabajadores los que compraron estas viviendas para disfrutar de sus años de retiro.

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